Lo entendimos todo mal

Ya sabemos que la felicidad completa no se encuentra en la seguridad que otro pueda brindar, ni mucho menos en un clóset lleno de zapatos, por eso decidimos escribir Lo entendimos todo mal. Hablaremos sobre los mitos que nos dañaron la cabeza a las mujeres de nuestra generación, hablamos sobre por qué ser hombre es tan difícil como ser mujer y por qué Adela Noriega le hizo un mal a toda una generación con tanto llanto y drama. Después de muchos atinos y desaciertos, hemos llegado a la conclusión que, en efecto, lo entendimos todo mal.

Algunos destacados de nuestro libro ‘Lo entendimos todo mal

Vamos a salir del clóset con el libro
Desde que el blog salió al aire en 2008 nos hemos mantenido en el anonimato. En un clóset tibio , cómodo y un poco feliz. Pero como la comodidad es para los koalas, decidimos mostrarnos con el libro. Finalmente la lucha de resiliencia y empoderamiento necesita una cara. O dos en nuestro caso. Entonces ‘Lo entendimos todo mal’ es oficialmente el final de nuestro anonimato. Muy pronto estaremos firmado libros en un lugar y fecha que anunciaremos próximamente.

Hay que volver a lo básico
En el libro explicamos por qué la decisión de algunas mujeres de portarse como neandertales aguardienteras y promiscuas solo les ha traído ruido a sus vidas.  Pero ojo que no tenemos nada en contra de la promiscuidad. El problema está en cuando damos sexo esperando amor a cambio. Ahí es cuando llega la desilusión, los malos entendidos y el drama.

Es hora de hablar de feminismo en Colombia
La única forma de combatir el machismo arraigado en nuestra sociedad es hablar libremente de él. Y la única forma de demostrar que todavía hay sendas luchas que dar es visibilizarlas y organizarlas. Y el feminismo es esa respuesta. Por ello nos ponemos la camiseta del feminismo, lo sacamos de la academia y del clóset oscuro y con telarañas en el que sus contradictores lo metieron hace tanto tiempo. Porque las feministas nos afeitamos las piernas, no odiamos a los hombres y podemos ser tan felices como un neandertal en desfile de vestido de baño del Reinado Nacional de la Belleza.

Ser hombre es tan duro como ser mujer
Le dedicamos toda una parte de nuestro libro a los hombres, para tratar de entender por qué se portan como se portan, por qué su hombría se reduce a un músculo de 14 a 16 centímetros en estado erecto y por qué cargan una máscara pesada que no los deja respirar. Porque, finalmente, hombres y mujeres somos víctimas de lo mismo, y a ellos les viene tan bien el feminismo como a nosotras.

La vida es más fácil en equipo
El primer error que cometimos en las relaciones fue basar el poder en la provisión de bienes materiales, de “mijita atiéndame porque yo traigo el pan a esta casa”. Y ahora, que las mujeres también trabajamos y traemos roscones de bocadillo, es un drama de quién tiene la autoridad, de quién gana más. Y ni hablar del caso nefasto y real de cuando el hombre se queda sin trabajo o su esposa gana más. Emasculación. Por eso mostramos por qué las relaciones románticas no son un asunto de poder, sino de armar equipos. Así nuestras vidas serían más sencillas y no tendríamos que tomar decisiones tipo no casarnos o no tener hijos para dizque ser libres.

La generación del sánduche
Hacemos parte de esa generación de transición en las que todos los males y expectativas se enredan en un caldo de hormonas y frustraciones. Por un lado, todavía tenemos algo de influencia hombres machistas que se nutren de los roles y la jerarquía ; y por otro, crecimos con la libertad que nos permite hacer lo que se nos antoja: viajar, estudiar, trabajar, planificar, votar, decidir, tirar… nada está negado para nosotras. Eso sí la libertad tiene un límite, pues hay que ser mamás antes de los 35, estudiar, trabajar, ascender, conseguir maridos que no se sientan amenazado con nuestros éxitos, ser flacas y lampiñas, y ser putas en la cama. Todo a la vez.

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