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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 25 de noviembre de 2017

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¡Digámosle no al Halloween oficinero!

¡Digámosle no al Halloween oficinero!

El Halloween me gusta. Me gustan las fiestas de casa para las que me disfrazo con pelucas, maquillaje y cuanta parafernalia. En las últimas fiestas de brujas a las que he ido, he terminado descualquierada y feliz como dios manda. Halloween es chévere.

Lo que no es chévere es celebrar Halloween en la oficina. ¿Por qué quiero pintorretearme a las 7 de la mañana y pasar todo el día al frente de un computador con una peluca que acalora y pica? ¿Por qué quiero decorar la oficina con telarañas y calabazas que a los dos días ya están chuecas? ¿Por qué quiero ver a mis compañeros de trabajo como piratas, momias, lecheras suizas, con afros y con cuanta tontería que a veces raya en lo racista y políticamente incorrecto?

En el Halloween del año pasado Marcela (aka Elvira) y yo tuvimos que hacer un trámite ante la Cámara de Comercio. Todos los funcionarios estaban disfrazados. Brotaba miseria por sus poros taponados con el ungüento blanco que se echaron temprano para parecer espantos. A las 2 de la tarde todos tenían el maquillaje corrido, otros se sentían ridículos y se les notaba, y unos pocos tenían como único atuendo una peluca motosa que además servía como protesta ante lo infantil y forzado de la dinámica. Solo apenas unos pocos disfrutaban jugar a ser cualquier cosa menos ellos.

¿Es que las directivas de la Cámara de Comercio creyeron que sería muy divertido obligar a sus ya aburridos empleados de Servicio al Cliente a hacer el ridículo?

En serio, ¿alguien cree que el Halloween oficinero mejora el clima organizacional?

Hay fiestas que no deberían cruzar la línea sabia que separa la vida laboral de la personal. Halloween es una de ellas. Si alguien se quiere unir a la fiesta, que se disfrace esa noche y salga con sus hijos a pedir dulces; o que se disfrace el sábado anterior o posterior a la fecha y goce como yo, con alcohol, pelucas y coloretes. Pero la dinámica en horas de oficina, insisto, sobra.

Como estamos tan convencidas de la brega del disfraz en hora laboral, hicimos todo un capítulo de La Brega sobre el tema.

¡Digámosle no al Halloween oficinero! ¿O no?

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