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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 12 de diciembre de 2017

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3 Comentarios

Samba Lentín

Samba Lentín

Revisando nuestro largo historial de quejas amorosas, encontramos que tenemos en la memoria dos posts sobre San Valentín: el primero, de 2010 ¡Fok yu, San Valentín!, y el segundo, de 2013, De nuevo San Valentín. Dos, escritos en momentos muy diferentes de nuestras vidas; dos, en que escribimos con furia la repulsión que nos producía San Valentín, los peluches que nadie nos dio y el inevitable balance contable romántico que nos obligaba a hacer. El 14 de febrero de 2017 nos coge un poco más serenas, pero también un poco más cansadas.

Ya no nos damos en golpes el pecho porque no hay nadie, nadie, nadie en el mercado mundial que nos corresponda, y ya aprendimos que el fastuoso “one” no viene necesariamente en empaque de príncipe azul, sino que puede venir en muchas formas. Aprendimos también, que un día como este no nos tiene por qué hacer sentir miserables o campeonas, pues el Día de San Valentín simplemente nos hace sentir nada; que sabemos que se acerca el 14 de febrero porque alguien sin mucho humor ni miedo a los clichés publica en Facebook el ya trillado meme “bailemos samba despacio, hoy es el día de Samba Lentín”; y que, aunque la industria de las rosas nos lo meta hasta el tuétano, no tenemos que celebrarlo o sufrirlo si no se nos da la gana. Y aprendimos también, que el mundo da muchas vueltas.

San Valentín ahora llega con matices. Digamos que, después de mucho bregar, logramos dejar el mercado del usado, pero tener con quien celebrarlo no significa querer celebrarlo. Porque, digamos, hoy hay otras prioridades que salen de la rutina misma de la convivencia en las que ya no tienen mucha cabida los pétalos de rosa ni los peluches (si es que esos adefesios cursis y alergénicos alguna vez tuvieron cabida): toca lavar la ropa para que se pueda planchar al otro día; tener discusiones que no hubieran tenido lugar en los tiempos en que escribimos los otros posts, como, si consideramos la posibilidad de reproducirnos toca planear, con termómetro y calendario a la mano, y proyección económica en tabla de Excel; sacarle tiempo a las amigas que ya no se casan sino que se divorcian; proyectar impuestos, pedir préstamos, cortarle a las harinas y las grasas y subirle a las verduras; y sacarle tiempo y dedicación a la relación para que no se enfríe por la rutina misma de la convivencia.

La poca sabiduría ganada en este tiempo nos ha mostrado que debería haber por lo menos cuatro equivalentes a San Valentín y cuatro a Amor y Amistad durante un año.Si esperamos al 14 de febrero para ser amables con el otro, o darle un regalo, o ponernos calzones rosados, pues terminamos como el esposo que le lleva rosas rojas a la esposa en el Día de la Mujer, pero que le pega el resto del año. Si esperamos a ser chéveres con nuestra pareja solo una vez cada 365 días, el amor se acaba, o camina más lento que oficinista después del almuerzo. Por eso hay que inventarse cuanta estrategia para salir del tedio. Estas estrategias pueden ser tan simples como salir de la casa y quitarse la piyama para que el galán o galana lo vea a uno sin lagañas; pasando por salir a comer cualquier cosa que no sea el recalentado del almuerzo; hasta llegar a un documental en Netflix que no incluya puños y patadas. Eso sí, menos mal que en nuestro mundo no cabe el baile sexy con babydoll. El universo nos oyó y nos mandó uno que no necesita de encaje para emocionarse.

Pues sí. Nuestros san valentines han evolucionado, no son mejores ni peores, solo diferentes. San Valentín 2017 nos agarra con preocupaciones de gente grande, con una atracción sin precedente por la cama (pero no para hacer lo que soñábamos con hacer en los veinte) y por la comida saludable. Además, porque a cualquier inversión en trago, fiesta y esplendor le salen mejores opciones, como una lámpara para la sala, el cambio del empaque de la lavadora, el mantenimiento del carro, las almendras –que están carísimas– y unas alcachofas para gratinar con queso bueno, para una comida en la que le demostramos a él o ella que cualquier cosa se vale para que San Valentín sea cualquier día.

Imagen: Seth Doyle

Comentarios

  1. Sandra crespo

    Exactamente como me siento, hemos crecido!

  2. Ale

    Me encantaaa! Las leo siempre. Sigan escribiendo please.

  3. Anakin

    Amén hermanas! Buen artículo

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