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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 19 de octubre de 2017

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4 Comentarios

Cuando las mujeres somos muy feas, muy viejas y estamos muy cansadas

Cuando las mujeres somos muy feas, muy viejas y estamos muy cansadas

Mi vida no ha, necesariamente, mejorado desde que veo la vida desde los lentes del género. Me ha vuelto más consciente, más irascible, más trascendental.

Si un hombre me mira más de la cuenta, ya no solo me incomodo y trato de cubrirme, sino que me molesto hasta el punto de querer decirle que mi cuerpo no es para su consumo visual.

O si me interrumpe en una reunión, ahora me pregunto si es por su patriarcado internalizado, o, simplemente, porque es un grosero. Hoy se que el ‘mansplaining’ existe, y que los hombres suelen monopolizar las conversaciones por cuenta de un privilegio que muchos no saben que existe, pero que disfrutan desde el momento de su nacimiento cuando no les abren huequitos en los lóbulos de sus orejas para que se vean femeninos, o lindos.

Aun así, me siento más libre porque conozco la raíz de los problemas que antes me molestaban tanto. Porque antes de ponerme los lentes del género, simplemente me ponía triste que mi jefe me ofreciera un ascenso mientras me miraba el pecho; o me indignaba preferir no pasar al frente de una construcción para no exponerme a los gemidos y chiflidos de unos primates cuya hombría se magnificada cuando mostraban deseos de apareamiento ante la primera hembra que pasaba. Hoy se que los hombres, al tener que ponerse la máscara de macho alfa, también están sujetos a unas expectativas en su comportamiento, y que su socialización depende de la fortaleza que muestran ante sus pares. ¡Qué cansancio! Ellos también son víctimas del patriarcado. Aunque no tanto como nosotras.

Los lentes del género también me han dado herramientas para pelear contra lo que no nos sirve. Porque gracias a ellos entiendo que la razón por la que las carreras peor remuneradas son las eminentemente femeninas, como enfermería y psicología; que existe algo llamado el “castigo de ser madre”, según el cual las mujeres somos condenadas a menores salarios o a un estancamiento laboral apenas nos convertimos en madres. Y que no, no se trata de cada individuo hace su suerte, sino que son problemas estructurales al que todas, todas, nos vemos expuestas. Incluso las mujeres que deciden no tener hijos porque quieren cuidar su carrera.

Se que ha sido un tema recurrente en el último tiempo. Pero es que siento que el mensaje no ha calado lo suficiente, sobre todo cuando oigo, leo o veo a otras mujeres en foros públicos y privados criticando los lentes de género y los reducen a la herramienta de una secta infeliz, las feministas.

Hoy estoy convencida que todas deberíamos ser feministas, y que hombres y mujeres nos beneficiamos del feminismo, al perseguir un mundo igual entre géneros y orientaciones sexuales.

***

Esta nueva versión del tema de siempre resulta de mi más reciente ‘binge’ en Netflix: ‘The People v. O. J. Simpson: American Crime Story’, una serie basada en un libro que escudriñó en los eventos que dieron a la captura del jugador de fútbol americano tras el asesinato de su exesposa y el juicio que lo encontró “no culpable” del hecho. Una de las protagonistas es la abogada Marcia Clark. Ella, en la vida real, fue la cabeza del equipo acusador y se vio sometida al escrutinio de los medios de comunicación, no por sus habilidades como litigante, sino por su pelo, por su ropa, por su “frialdad” al encarar al jurado. Incluso filtraron fotos de ella desnuda en una playa. Obviamente nada de esto hubiera pasado si Clark hubiera sido un hombre. Finalmente el mundo está lleno de hombres feos en posiciones de poder, pero nadie habla sobre sus corbatas, ni filtran fotos de sus gordas y peludas panzas para desvirtuar su moralidad y carácter.

marcia-clark-plastic-surgeryClark se vio expuesta a esto, hasta el punto de someterse a toda suerte de cirugías plásticas una vez terminó el juicio (ver foto). Y no la culpo. Ni el autoestima más sólido resiste años de críticas tipo “se ve muy cansada”, “se ve muy vieja”, “su pelo es un horror estético”, etc.

Debemos cambiar la forma como juzgamos, nosotras mismas, a otras mujeres. Y una forma efectiva de dar el primer paso como individuos, es ponernos los liberadores lentes del género.

Foto tomada de http://famouscelebsurgery.com/

Comentarios

  1. Erika

    Considero que el primer paso para que el mensaje sea entendido es dejar de insultarnos entre nosotras. Los hombres tienen algo que a nosotras nos falta y es que se respetan entre ellos, palabras como perr@ o zorr@ no van a salir de la boca de un hombre para referirse a un amigo. Es triste ver como el tema de conversación entre mujeres a veces gira completamente entorno a criticar a otra por como se viste, actua o habla cuando en realidad en esas criticas solo tratamos de ocultar alguna inseguridad personal.

  2. Darling

    Muy inspirador, Susana. Es molesto que todavía haya gente volteando la cara a una problemática real, jncluso culpándonos a nosotras las mujeres por quejumbrosas y rebeldes o exageradas, es terrible pero yo creo que con personas como tú o como yo que estamos conscientes las cosas pueden cambiar.

  3. Ale

    Me siento igual que tu Susana. Salir a la calle ahora significa ser carne fresca para los hombres.

  4. Xana

    Hola Susana, lamentablemente la sociedad se deja llevar por lo que ve y no solo digo si nos vemos aveces cansadas y sin ganas de levantarnos en la mañana. Quisiera que tambien escribieras algún artículo donde entre mujeres nos tratamos duro… pues me ha pasado muchas veces que por estar bien presentada me han tratado mal, no se si sea envidia o que pero uno llega a sentirse chiquito cuando una vendendora o asesora en dichos casos no te atiende bien por el simple hecho de tratar de verse bien. Me entristece que seamos así con el mismo genero solo porque se lleve esto o aquello, al contrario del genero masculino que sin importar lo que lleven puesto siempre se tratan bien entre ellos. Muy a parte de esto, me encantan lo que escriben y las he seguido mucho… un enorme abrazo para las dos y lluvia de bendiciones.

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