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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 23 de junio de 2017

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7 Comentarios

Mi fobia y yo

Mi fobia y yo

Susana sufre de un caso agravado de germofobia o misofobia. Todo lo que se traduzca en un estornudo, una sacudida de manos o un beso de saludo le da fucú. Yo no sufro de ese caso extremo, salvo que alguien estornude en un lugar pequeño y encerrado, como un ascensor. En ese escenario, veo los gérmenes volar en cámara lenta de la nariz y boca del estornudiente –palabra que me acabo de inventar, creo-, y entrar en cámara aún más lenta por mis fosas nasales. Eso, simplemente, no lo soporto.

Hay gente que sufre de fobias rarísimas: hexakosioihexekontahexafobia, miedo al número 666; xantofobia, miedo al color amarillo; turofobia, miedo al queso; hipopotomonstrosesquipedaliofobia, miedo a las palabras largas; tripofobia: miedo a los agujeros, y la lista sigue. Yo no sufro de ninguna de esas, pero creo que sí sufro levemente de podofobia, fobia a los pies. Pero no de todos los pies, de los pies feos.

Hace unos años empecé a salir con un tipo que me flipaba. Era churro, alto, queridísimo, chistoso y ¡hasta sabía cantar! Con unos amigos armamos plan a la playa y nos fuimos todos una semana entera. Era el escenario ideal para que un romance como de telenovela venecoazteca se gestara. Pero, toda la ilusión romántica se me vino al piso cuando, recién desempacados, el tipo me dijo que fuéramos a dar un paseo por la playa. Y ¡zuaz! Se quitó sus adidas retro y… le vi los pies. Eran horrendos. Contrahechos, pequeños, regordetes y con dedos disparejos. Eran la antítesis de su misma presencia. Es que, ¿cómo era posible que un tipo de 1.90 con semejante pintonón tuviera unos pies tan horrorosos? Eran unos pies en el cuerpo equivocado.

Instantáneamente, la imagen de sus pies se me clavó en la mente. No podía hacer otra cosa que pensar en ellos mientras el tipo, todo romántico me decía, entre otras cosas, que él necesitaba un “bastón en su vida” como yo. Otro punto que me llevó a decidir inmediatamente que no podía existir la menor posibilidad de tener algo con él. Es que, ¡tras de cotudo con paperas! Porque, además de tener los pies más feos que he visto en la vida, el tipo pretendía conquistar mi corazoncito diciéndome que yo era su perfecto sostén. Ni más faltaba, eso era una condena inmediata al fracaso. Suficiente tenía yo con mi vida, mis problemas y mis preocupaciones como para cargarme los de otro con buena voz y piececillos de mutante.

En el momento en que el tipo se lanzó a darme un beso, le quité la cara y le monté la escena más cliché que he hecho en mi vida, digna de Maria Conchita Alonso. Llena de lugares comunes tipo, “no estoy lista para esto”, “es demasiado rápido”, “no eres tu, soy yo”, y una sarta de frases llenas de aire caliente que lo único que indicaban era que la verdadera razón del desplante era aún peor que el desplante mismo. Es que, ¿acaso qué le iba a decir? ¿”No soy yo, son tus pies”? O ¿”No eres tu, son tus espantosos pies”?

Esto me llevó a pensar en un capítulo de Friends en el que Chandler sale con una mujer que tiene una prótesis y esto le causa serios problemas. Después de que finalmente se anima con la mujer y están a punto de tirar, ella nota el tercer pezón de Chandler. Le dan escalofríos, lo echa y le dice que no puede con eso. Las fobias son caprichosas e irracionales y, como los papás, uno no las escoge. Mi fucú con los pies tal vez sea porque es un reflejo inconsciente de algo que debo tener yo con los míos. Porque aclaro, los míos no son ni largos, ni flacos, ni estilizados, parecen más bien pies de niño aunque son proporcionales a mi altura, y están lejos de ser dignos de comercial de esmalte o de esos aparatos para quitarse las rugosidades.

Siempre que me preguntan que qué es lo primero que le miro a un hombre, respondo que la cara. Aunque en realidad debería responder que quisiera verle los pies antes que cualquier otra cosa, aunque en este mundo es imposible ir pidiéndole a la gente que se presente y se quite los zapatos y las medias.

Quítate las medias, no preguntes por qué, podría ser el reguetón o la balada romántica que nunca escribiré.

Fotografía: macinate

Comentarios

  1. Sami

    Esto me amplia el conocimiento de fijarme mejor! en pequeños detallitos desapercibidos…

  2. Luz

    jajajajaja, yo alguna vez quedé matada con un chico porque me gustaron sus pies, además a él le parecía lindo que pudiéramos caminar descalzos por su apartamento y eso me cautivó. Con otro chico no podía entender que no se quitara las medias nunca, ni en tierra caliente, hasta que me confesó que se sentía acomplejado por sus pies y todas las semanas se hacia pedicure.

  3. Valeria

    Jajajaja mi papá es el único hombre que conozco que tiene lindos pies de resto gas…
    Las axilas son más asquerosas que los pies

  4. Mary

    Uy yo di tengo pies divinos! Jajaja

  5. Monica

    Hola Elvi, ¡YA SOMOS DOS! También yo encontré mi galán de telenovela super churro, musculoso, abdomen marcado, cara cuadrada, más alto que yo, todo un caballero, en conclusión: el soñado príncipe azul que terminó siendo el “patas de rana”. Fuimos pareja más de un año, pero en los últimos meses cuando ya el amor se me desteñía empecé a notarle sus piesotes, eran algo largos pero muy gordos, parecían la gordura de unas patas de rana, y te juro que no podía tener un orgasmo si le podía ver los pies. Tal vez es que esos pies son para sostener a esos hombres altos, supongo que mi solución será buscar uno más bajito la próxima y esperar a que se quite las medias. (Mañana iré con mi crush a la playa, creo que tendré oportunidad de observarlo antes de joderme con otro igual!) Posdata. Incluso le fuí honesta un par de veces y le dije “no me gustan tus pies”. Aunque tus frases me hubiesen servido para terminarle. Muchas gracias por el post!

  6. J.

    Gracias Elvi por hacernos saber que no estamos solos con nuestras locuras. Yo no tengo nada contra los pies, es mas, me fascinan. Debo ser uno de esos que tiene un fetiche con los pies. Pero si tengo mis fobias comparto la de Susy con los germenes, no soporto un apreton de manos sudorosas. Tambien le tengo fobia a las arañas y aunque suene raro, creo que le tengo fobia al hielo. El caso es que es reconfortante leer estas cosas y saber que hay muchos locos sueltos por el mundo.

  7. Ale

    Jajajjajajajajaja! Simplemente jajajajajaja

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