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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 25 de mayo de 2019

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15 Comentarios

Somos unos wannabes

Somos unos wannabes
Elvira
  • En septiembre 17, 2015

Somos unos wannabes. Y uso “wannabe” aunque suene muy “wannabe”. Pero qué le hacemos, no hay un término en español que funcione tan bien para ilustrar la idea de todo lo “wannabe” que “wannabe”.

Que seamos unos wannabes no es nada nuevo. Siempre lo hemos sido, desde que nos vendían zapatos hechos en Bucaramanga diciéndonos que eran traídos de Miami, hasta cuando empezamos a crucificar a los que decían “papermate” en vez de “peipermeit”.

Últimamente me ha tocado presenciar o ser parte de escenas que sólo ilustran lo mal que ubicados que estamos. La primera escena fue la siguiente: en el aeropuerto me encontré con un grupito de quinceañeras que acababan de llegar de su excursión de quince. Pero ellas no venían de San Andrés o de Piscilago, sino de Europa. Convencidas de que vivían en euros y que los euros caían del cielo. Una de ellas le dice a la amiga: “yo no sé Pepita en qué está pensando. ¿Comprarse unos zapatos de 3.500 euros?”. A lo que pensé, “es una niña con sentido de realidad”. Pero ni corta ni perezosa remató con,  “o sea, tres mil, OK, normal. ¡¿Pero 3.500?!”. Y yo sólo pensaba todo lo que podría comprarme con tres mil o tres mil quinientos euros o cuántos meses de arriendo podría tener cubiertos sin el estrés de “¿cuándo es que pagan?”. Y más aún, cuántos endemoniados euros unos papás tienen que darle a su hija adolescente para que se vaya a pasear a Europa y tenga lo suficiente para que comprarse unos zapatos de tres mil euros sea algo “normal”.

Otro día, mientras caminaba por una callecita bogotana, pasé por una peluquería y decidí entrar a cortarme el pelo. Finalmente, hacía como seis meses no lo hacía y ya estaba condenada a hacerme moñas todos los días porque el pelo achilado no daba para más (por cierto, hace poco descubrimos con Susana que la palabra “achilado” no está en el Drae, pero qué carajos, pronto lo estará como ya lo están “pompis”, “bluyín” y “amigovio”, porque no creemos que haya una palabra mejor para definir ese estado capilar). Entré, me preguntaron si quería un peluquero hombre o una mujer. Dije que cualquiera, me daba exactamente lo mismo. Me dijeron que esperara un rato mientras alguno de los peluqueros se desocupaba. Me senté y me puse a leer una revista, mientras veía cómo el tiempo pasaba y, aunque la peluquería estaba desocupada, no me atendían. Finalmente me llamaron para lavarme el pelo y me sentaron nuevamente unos buenos diez minutos mientras el peluquero fantasma se desocupaba. El dueño de la peluquería salió de repente como una diva y yo veía cómo se pavoneaba de un lado a otro, saludaba a algunas clientas y revisaba y repasaba el trabajo de sus peluqueros. Y a mi, claro, ni me volteaba a mirar. Al cabo que ni quería.

Finalmente apareció el peluquero y me preguntó qué quería. “Despúntemelo, haga lo que quiera, pero quíteme este achile”. Empezó como todos los peluqueros a ponerme conversa. Yo nunca tengo nada de qué hablar con un peluquero, ni con nadie que recién conozco. Por eso, si hay algo que aprecio es un peluquero silencioso. Me pasa lo mismo con los médicos, o los odontólogos. Nunca he entendido para qué un dentista le pone a uno tema mientras le saca la placa y le pone sellantes en las muelas. Como si uno pudiera responder algo más que “jejajajjeeeeeji”.

El caso es que el peluquero a cargo se dio por vencido en su intento de charleta al ver que no sacaría más que monosílabas de mi. Hizo su trabajo rápido, empezó a secarme el pelo y de repente vi que en la silla al lado mio estaba una actriz que por cosas de la vida conozco. Nos saludamos, hablamos tres cosas y de repente todo el staff tuvo una actitud muy diferente conmigo. Pasé de ser la invisible cliente nueva que “no-va-a-decir-nada-si-no-le-ofrecemos-un-vaso-de-agua-igual-no-va-a-volver”, a la cliente nueva que “mejor-parémosle-bolas-porque-debe-ser-”alguien”-porque-conoce-a-una-actriz-que-sale-en-Tv-y-Novelas”. “¿Tinto, aromática, limonada, agua, cerveza?” Retoque del peluqueado por las manos maestras del sensei del pelo. “¿Agendamos para el color?” “Tenemos un evento la próxima semana, ¿nos acompaña?”.

Qué maluquera. ¿Por qué tendría que recibir un mejor trato por conocer a alguien que es medianamente conocido? ¿Acaso no voy a pagar mi cuenta como cualquier otra persona, motivo suficiente que justificaría un trato normal que debería recibir cualquier cliente?

Pero esto no pasa solo en las peluquerías, el epicentro del esnobismo colombiano. Pasa en Colombia, que para algunos efectos parece una gran peluquería. Falta que estemos en un sitio público con un extranjero para que de repente Susana y yo subamos tres estratos (que harto cuentan en Colombia), para pasar de ser unas simples locales a ser “mujeres de mundo con amigos de mundo que, ojalá no hablen español”.

O pasa en los centros comerciales, cuando cualquier badulaque que sale en televisión es tratado mejor que el resto del universo porque… hello, sale en televisión. Aunque sea en una novela de pacotilla o uno de esos programas de recreaciones melodramáticas de casos reales, que no le hace aporte alguno al mundo o a las neuronas de los colombianos.

A los colombianos wannabe nos (o les) priva todo lo que huela a estrato seis mañé: nos colgamos cuanta marca hay, y ojalá se note, o si no vean a los abogados de los malandros que andan con cinturones con letras gigantes; hablamos duro de nuestros viajes a mayami (como si estuviéramos en los ochenta y fuera el único destino que hay –y como si todavía fuera muy cool ir a mayami-); salimos en estampida a comprar el celular nuevo aunque no sepamos qué hacer con el no-tan-nuevo; pero claro, es que ¿usted no sabe quién soy yo?

Aquí somos el celular que tenemos, qué tan blanco es el uniforme de la niñera que camina detrás de nosotras con Gabrielita a cuestas, somos a quién conocemos y quién nos conoce; y sí, tenemos una autoestima tan pobre, que cualquier extranjero varado es mejor que nosotros.

Estamos mal compañeros.

 

*Imagen tomada de @richkidsofinstagram

Comentarios

  1. Unamexicana

    No es por reconfortarlas, pero en México se vive la misma situación…

  2. Javier C.

    Este post me hizo memorar. Recuerdo un sábado después de haber salido de entrenamiento de la defensa civil. Tenía una tarjeta de regalo de cien mil pesos del éxito, mi papá me la había entregado a cambio de efectivo. Le pedí a una amiga que me acompañara haber que podría comprar con ello. Andando por el almacén decidí comprar una zapatos, los cuales me duraron poco, no se si eran made in China, o algo parecido, pero salieron de pésima calidad. En ello, miramos a una morena de casi 2 metros. Teníamos la inquietud de saber su estatura, yo ni corto ni perezoso, y fuera que no me da pena, me acerque a preguntarle, disculpa, ¿Puedo hacerte una pregunta? antes de poder continuar me responde, 1.74. Apenas me responde y yo que la reconozco, era una ex compañera de colegio, con la cual entrenábamos baloncesto y que luego se volvió modelo y reina. Yo me hice el loco, como que no quería saber ese dato, le respondí, que no era eso, que si ella era tal persona, me respondió que sí. Después de entablar conversación, me pregunta, ¿Quién eres? Yo quede atónito, y no es que yo quiera ser del combo de los “¿Usted no sabe quién soy yo?”, pero oye, si estudiamos y entrenábamos juntos, pero claro, ahora era modelo y había sido reina, la memoria no le daba para mas. En fin, me despedí y fui con mi amiga a la caja a pagar. Saliendo del almacén me vuelvo a encontrar a mi ex compañera la modelo, me doy cuenta que no había comprado nada, simplemente había ido a “vitrinear”. Para mi sorpresa, el celador la deja pasar, claro, como va a molestar a la “reina” y a mi, me requisa el condenado, me pide que abra el bolso y a mi amiga también, no le basta con ver que he comprado algo y que le presento la factura; pero bueno, no es su culpa, así son los colombianos, quienes a los de saco y corbata se les dice “doctores” y a las altas entaconadas “mi reina”, “mi corazón”. En fin, después de esa experiencia aprendí que no hay nada como ser sencillo, así me detengan mil veces a requisarme la maleta, prefiero eso, a ser un wannabe.

  3. Andy

    Yo vivo en México. El caso es que si eres güero y extranjero, no te pasa nada, te dejan pasar a todos los sitios. De hecho si eres moreno te requisan más que si eres rubio. Una vez entré a un Palacio de Hierro y vieran la zalamería solo porque soy rubia. En México el tema también es bien cabrón, creo que más que Colombia.

  4. Felipe

    Ahhhh pues si tal vez … es un corte de pelo … solo un corte de pelo… en fin la TEMPORADA 3 !!!!!

  5. LaLatina

    Ohhh mis chinas! Hacía mucho no las leía, solía amarlas y sentirme identificada con TODO!! Pero les veo una onda súper negativa, todo malo, todo feo, todo inmundo, todo triste, todo depresivo. No sé si yo cambié y veo la luz a final del túnel… pero les recomiendo un baño de sal de mar y café para ver si se les quita la mala vibra!

  6. Ferenc

    Por excelencia, somos fiel prueba que los reptilianos existen. Sólo que somos más esnob que lagartos, y ahí se nos va cayendo el cartel de a poquitos.

  7. Darla Bourdon

    Total!!! Estamos en un mundo donde es más importante el Qué Dirán que el Que pienso yo de mi. Tanta superficialidad cansa, tanta frivolidad apesta. De hecho mis “mejores amigas” y yo terminamos alejadas por eso, porque una de ellas entró a la universidad y es como si la hubieran cambiado. Ahora según ella y según las demás, si no vas a Theatron o si no usas tal celular o fumas marihuana o te vistes así o si no eres y hablas de lo que hablan ellas, no eres nada más que un cero a la izquierda… como yo para ellas. En fin.

    Tanto wannabe enferma, es peor que cualquier cosa. Muy buen post.

  8. CPM

    Me quede pendando… no hay nada mas wannabe que un restaurante japones? que levante la mano el que entiende una carta de restarante japones y que le va bien pidiendo porque “sabe pedir”. Esa costumbre de los restauntes de poner la carta en idiomas que nadie entiende sin traduccion, es muy MUY WANNABE

  9. Adriana

    Que triste este es el mundo que creamos y en el que creemos. Debemos procurar no fomentar esta cultura siendo autónomos y auténticos. Deberíamos trabajar mar nuestro ser interior.

  10. Viviana

    Excelente descripción de la zoociedad colombiana (como diría Jaime Garzón). Tal cuál el reflejo de la superficialidad y esnobismo, bien lejos que llegaremos así.

  11. Sebastian

    Hace tiempo no tenian un post tan entretenido y que nos calara a la mayoría de nosotros los “wannabe”, me alegro volverlas a leer, después del terror que fue la historia de casamiento y todo lo “wannabe” relacionado al evento. Es solo una opinión por favor no me maten.

  12. Dante

    He sentido el desprecio de la misma manera, y más porque soy de las que anda con cabello alborotado y mochila Terciada. La gente es materialista y el comercio se encarga de lavarles el cerebro.

  13. Ángela

    Claro. Sin contar con los que aguantan hambre toda la semana para los fines de semana poder estar en Andrés o cuando sitio de moda haya, para que los vean… Como para dar un ejemplo.

  14. Karla

    Tranquila, que esto no solo pasa en Colombia. Yo vivo en Panamá y es el diario vivir y en mi caso que trabajo para una marca de lujo, tengo muchas compañeras que se creen nietas de la difunta creadora de esta marca.

  15. Mariana11o

    Mal? Estamos muy mal en este mundo tan superficial!! Tan apegados a lo “materialmente inaportante”.. Muy de acuerdo con vos Elvira! Todo esto llega hasta el nivel ridiculo más visto!

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