Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 26 de agosto de 2019

Scroll to top

Top

18 Comentarios

Diciembre

Diciembre
Elvira

Odio diciembre. No porque sea una fiesta capitalista que promueve el consumo innecesario, ni por la ridiculez de todos los intentos de hacernos sentir como si viviéramos en Noruega a pesar de que estamos en ‘verano’ en el trópico. Porque todo tiene nieve aunque uno viva en Mompox y el termómetro marque 37 grados a las 8 de la mañana. Ni porque es una época que trae recuerdos de mejores tiempos, ni los recuerdos de los que ya no están. Ni tampoco porque reverenciamos a un personaje que cuida muy bien los colores corporativos de una de las multinacionales más grandes y poderosas del planeta.

No. Odio diciembre porque me toca aguantarme diciembre en Bogotá. Y diciembre en Bogotá es sencillamente insufrible.

El calendario marca el 1 de diciembre y automáticamente empieza el caos. Y nadie entiende por qué, así como nadie puede explicar por qué cuando llueve en Bogotá todo colapsa. A cualquier hora del día es imposible moverse. Sacar el carro es estar dispuesto apagarlo en plena calle y tener que aguantarse horas ahí, entre calor y frío, porque el clima en esta época es completamente bipolar.

Si decide mejor moverse en taxi, hay que estar preparado para pasar de treinta a sesenta minutos esperando confirmación de un taxi que lo más probable es que no llegue. Porque además, incluso los taxis que lo van a dejar tirado, no van a responder su solicitud si usted no ofrece por lo menos tres mil pesos de propina. Y bueno, si finalmente aparece un taxi, hay que asegurarse de tener el celular full de batería porque lo más probable es que mientras se desplaza 20 cuadras o menos, tendrá tiempo de sobra para leer todos los artículos de todos los periódicos nacionales e internacionales, revisar mil veces los updates de Facebook y enviar un tweet que será retuitiado por muchos que, como uno, están metidos en un insoportable trancón que parece no tener fin.

Viendo entonces las negativas de moverse en carro o en taxi, uno decide que mejor va a caminar o montar en bicicleta para evitar el tráfico. Pero igual hay tráfico, pero de mazorcas, manzanas acaramelizadas, hasta mini-ruedas de Chicago muy bien ubicadas en la mitad de la cicloruta. Entonces, mientras uno trata de esquivar todos los obstáculos, descubre que uno está metido en una secuencia de Frogger.

Además a todos los invade un emo nazi. Primero te quiero, todos somos amor, pero te doy en la jeta si me quitas el taxi. Y todos a comprar, comprar, comprar. Y a emborracharse. Porque el emo nazi también es aguardientero y parrandero.

Después empiezan las novenas, y todos a tragar, tragar y tragar. Y claro, llega el momento de las trilladas fiestas de fin de año de las empresas que son un demonio con el que todavía no podemos vivir. Es que pensar en la última que estuvimos con Susana me hace dar arcadas. ¿Y las chivas? No hay peor parche que una chiva rumbera. El guaro se riega entre la frenada y acelerada del conductor furioso por los trancones, nadie puede hacer el ocho por estar agarrado con una mano de la baranda para no caerse entre los intervalos sin trancón, y la otra mano con el ya mencionado vaso desechable con guaro ‘light’. Las chivas rumberas son un despropósito.

Pero la nostalgia de la ausencia es la peor. No vi a mis amigos en un año, ni siquiera los que tuvieron trillizos, pero el 20 de diciembre me da por verlos a todos y los jodo y jodo hasta que me sacan un campo en la agenda que armaron sin mi. Porque yo nunca aparecí durante todo el año, sino cuando me poseyó Papá Noel.

Bueno, y llega navidad. Corra para el almuerzo con la familia número uno que sirven a las cuatro de la tarde, salga llenísimo a la comida con la familia número dos, y después si tiene tiempo y no está al borde del coma por toda la comida que ha ingerido en menos de seis horas, encuéntrese con sus amigos para tomarse “alguito”. El 25 de diciembre uno está quebrado y en estado casi vegetativo, pero igual las parafernalias familiares continúan.

Y para rematar, uno decide irse de vacaciones en la única semana del año que vale la pena estar en Bogotá. Una semana en que el clima es fantástico y la ciudad está desocupada. Pero no. Hay que salir de Bogotá para celebrar año nuevo en otra parte para seguir tragando, tragando y tragando, como si el próximo año nunca fuera a llegar.

PD: Este post fue inspirado y creado en un taxi en la mitad de un aguacero torrencial, y obviamente, en medio de un trancón tan despiadado que dio tiempo de sobra para redactarlo.
Imagen de Going PlacesSG

Comentarios

  1. Daniela Pe Cordero

    Lo dices porque nunca has pasado un diciembre en la costa caribe Colombiana, te aseguro que será tan genial, que querrás que el año corra desenfrenadamente para estar nuevamente en navidad :)

  2. Felipe

    Chicas, es tan cierto como gracioso este post, sobre todo para los que vivimos en Bogotá, por que hemos enfrentado todo lo que escribieron. Y no odio diciembre ni a Bogotá, al contrario, amo a esa típica Bogotá, ¡Que carajos! que rico ser bogotano, pero mucho mas rico ser colombiano. Y ahora sí, empecemos a bajar toooda la tragantina que solo en diciembre pudimos haber comido.
    Gracias por compartirnos sus experiencias, las amo!

  3. Aleja

    ¡Me encanta su blog! Cada vez que escriben me siento demasiado identificada; no pretendo igualarlas, pero de igual manera, hay que darle oportunidad a vainas nuevas, y esta soy yo, una chica que se quiere expresar sin que le toque salir corriendo, o hablar en voz baja. http://www.everythingisoutofcontrol.blogspot.com/

  4. nata

    genial el articulo aunque no vivo en Bogotá, pero si tuve la oportunidad de estar allí por dos semanas, no comprendo porque se demora más esperar un bus articulado que el mismo trayecto, pero si dejamos a un lado la parte del transporte en Bogotá se puede pasar genial.

  5. Adri

    Afortunadamente ya pasó todo eso; y es cierto, estas primeras semanas de enero serán maravillosas en Bogotá, tráfico suave, poca gente, clima rico, y ofertas post navidad jajaaja. Me encantó leer el blog, es mi primera vez. Gracias.

  6. Bibi G

    y eso que no hiciste énfasis en lo de las compras, porque así no lo quieras, habrá que regalar algo y claro, tendrás que pasar por un par de centros comerciales para encontrar el regalo adecuado y seguro que todo el mundo decide ir al mismo lugar que tu, o por lo menos eso pareciera, porque las cajas que parecían vacías cuando llegaste, están atestadas de gente con un montón de paquetes. Y ni hablar de los supermercados. En diciembre es cuando la gente más compra cosas que no necesita o que depronto no gaste porque se les queda en la alacena mientras se van a viajar…

  7. Vale Sanz

    Excelente, me siento tan identificada con cada una de los cosas que mencionaste! Yo no tengo un blog pero gracias a estos creadores de redes sociales tengo un twitter en donde encontré Suasana y Elvira y mientras un trancón y lluvia torrencial, te leí. Gracias

  8. Darla Bourdon

    Bueeeh… Por un lado, amo diciembre porque es el mes de mi cumpleaños y porque aun digo que tengo vacaciones decembrinas y puedo dormir hasta tarde… Y por otro lado, Bogotá se vuelve más insoportable que el resto del año.
    Y es chistoso, que después del 25 Bogotá es una delicia para andar… Mi bella ciudad como siempre, una ciudad de contrastes.

  9. argyle

    Dioh mioh como extrañaba un post aqui!!! por fín se acordaron de nosotras!!

  10. Kamlook

    No se como clasificar tu crítica, sí en empática o antipática sin embargo, me causado mucha gracia leerla.

  11. Camila

    Completamente cierto. Bogota es una pesadilla!

  12. Sandra

    De acuerdo

  13. Anama

    Es cierto que la ciudad, el clima y las personas en diciembre son lo mas bipolar del mundo, pero los trancones y el caos vehicular no es propio del mes, es propio de la ciudad. Todo el año hay trancones insoportables.
    Hagan como yo!!! Pasen navidad fuera de Bogotá y año nuevo aquí (Bogotá) despues del 25, esta ciudad es lo máximo.

  14. Eyl

    jajajaja esta genial este post.. muy cierto todo

  15. kathleen

    pienso lo mismo, las personas cambian apenas comienza el mes diciembre es algo increible entre las compras, las fiestas y la comida las personas se transforman.. las colas ( trancones), todo el mundo en la calle comprando es un caos total la ciudad….

  16. Lucha

    Estaba como largo el trancon! Donde fue como paa no pasar por ahi?

  17. Maria

    Tienes razon. Yo vivo en barranquilla y me toca llevar a mi hijo a ver papa noel como si estuvieramos en el polo para salir a un calor de 50 grados y que mi hijo se antoje de cuanto jueguete nuevo este en las vitrinas del centro comercial por donde no se puede ni caminar.

  18. Lili

    Leo esto y me entra un terror navideño de saber que en un rato salgo de la oficina y me toca esquivar obstaculos para poder llegar a mi casa si es que logro llegar antes de una hora.

Enviar un Comentario