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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 25 de octubre de 2014

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36 Comentarios

Simplemente no te quiere. Parte 1

  • En diciembre 10, 2012

Muchos creen que Elvira y yo somos una especie de terapeutas profesionales con una sabiduría extraordinaria en relaciones y hombres. Pues no.

También creen que nos ha ido divinamente. Que tenemos a varias decenas de hombres enamorados de nosotras, locos por sacarnos en un date, y que recibimos ramos de flores y serenatas de balcón en cada cumpleaños. Que nunca estamos desparchadas un viernes. Desafortunadamente no es así.

Pero si tal vez tenemos algunas opiniones, y nos atrevemos a dar consejos, es porque, como muchos emprendedores en Colombia, hemos sido educadas en la universidad de la vida.

En mi caso, haber sido tratada como palestino pobre en centro comercial de Jerusalem me ha dado algunas pruebas de que este mundo está lleno de cerdos subalimentados. Y les voy a dar algunos casos para que sepan que no exagero. Ocho fue mi segundo novio formalote. Lo conocí a los 21 años a través de dos amigos, que lavaron su conciencia diciéndome dos veces “pero ten cuidado que Ocho es como hp”. Y tome, Susana matada con el narciso de pelo lindo y actitud arrogante. Llevábamos tres meses cuando se perdió y reapareció a las dos semanas con el cuento que “estaba mal porque recién supe que mi ex novia tiene dos meses de embarazo. Yo soy el papá”. Chao Ocho.

Con Siete tuve una historia intermitente durante tres años, entre mis 17 y 20. Una de esas veces llevábamos algunas semanas en un rollo que por primera vez parecía estable, a pesar de los antecedentes que demostraban que él no se moría por mi. Hablábamos todos los días, salíamos todo el tiempo. Él venía a mi casa, yo iba a la suya. Sus papás eran queridísimos y se esforzaban por hacerme saber que era bienvenida.

Pero su canallada volvió a tomarme por sorpresa. Llevaba una semana diciéndome que se iba a ir de paseo con sus amigos de la universidad a El Peñón, que estaba feliz. Se iría en su carro. El día del viaje llegó, nos despedimos por teléfono y me preparé para no verlo por una semana. Era un sábado.

El lunes siguiente salí con mi mamá y ella tomó la ruta de siempre al centro comercial. Pero había un trancón bárbaro en la vía principal, así que tomó un atajo por una vía residencial, que pasaba justo al frente del edificio de Siete. Mi mariposa se infartó y el corazón se aceleró cuando vi que el carro de Siete estaba parqueado al frente del edificio. ¿Siete estaba en la casa? Al regresar de la vuelta más larga en la historia de mi mamá, llamé al apartamento de Siete, esperando que la mamá me dijera “no Susi, Sietecito sí está en El Peñón, pero decidió irse en el carro de Pascualito”. Pero no. Él mismo contestó. Al rato me confesó que se inventó el paseo para alejarse de mi. En historias así estuvimos dos años más. Él siempre jugó bola ’e trapo conmigo. Y yo lo dejé.

Y Nueve. Oh Nueve. Si algo me gustó de él es que moría por el plan arrunche en casa. Flipaba con las películas y la cobijita de cuadros. Así que yo muy cómoda, dejé que nuestros fines de semana se convirtieran en eso: una que otra comida y arrunche en mi casa con mi papá dando vueltas por ahí. Nueve era muy decente, de regia familia y principios, por lo que siempre se iba de mi casa a las 11 de la noche, que para que mis papás no se molestaran. “Después de esa hora, Susi, la visita incomoda, debes saberlo”, me decía. Y yo dejaba que se fuera, con la satisfacción que queda después de un arrunche deli y un quicky silencioso y camuflajeado (a lo Arjona). Al otro día hablábamos a eso de las 2 de la tarde, es que le gustaba dormir hasta tarde.

En nuestro quinto mes todo se vino para abajo cuando a través de la novia de su mejor amigo supe que después de estar en mi casa los viernes y los sábados, Nueve se iba de fiesta. Para eso se iba temprano y por eso siempre estaba dormido al día anterior. También supe que casi siempre salía con la misma loca. Nueve tenía dos novias oficiales: la del arrunche y la de la fiesta. Chao nueve.

Y así pasaron algunos años, estrellándome contra las paredes. Después de Nueve vino Once, que un día dejó de llamar; y Doce, que me terminó para cuadrarse con alguien de su trabajo. Diez y Trece, en cambio, fueron mis víctimas. Yo los traté pésimo y tal vez los ayudé a que se convirtieran en sietes, ochos, nueves y onces.

Una vez identifiqué mi patrón (malitos churros que fortalecen su agónica virilidad usando a mujeres que representan victorias) encontré a Catorce, Quince, y otros  hombres buenos me han dado la perspectiva necesaria para saber que no todos son iguales.
Próximamente vendrá la segunda parte de “Simplemente no te quiere”.

Comentarios

  1. Tina

    A mis 24 años puedo decir que sólo tengo un “uno”, no hay más, pero tampoco fue un novio de la adolescencia con el que duré muchos años, de hecho tan sólo duró dos. Y si, fue mi primera vez, pero en este caso creo que el “siete”, “ocho”, “nueve”, etc.; fui yo en cierta medida. Simplemente no fui capaz de ser una “gata salvaje” en la cama y deseosa de sexo; en pocas palabras nunca fui activa sexualmente. Ha pasado más de un año y me gustaría en cierta manera ser esos sietes y ochos que no sintieron culpa (al menos eso creo) alguna al romper un corazón. Pero bueno, se que el corazón de él ya esta curado, de hecho lo pudo curar un mes después de haber acabado la relación conmigo. ¿Cómo superar ser el que acabó con una relación? Lo que me intriga ahora es que mi ganas de sexo crecieron seis meses después de que todo acabara ¿por qué? Espero responder a esa pregunta en algún momento; por ahora, sentada en mi cama, tan sólo deseo que esta “tusa” se acabe.

  2. Stellita

    Lo mejor de todo es mirara hacia atrás y reírnos de nosotras mismas, que tontas, ilusas, inocentes y soñadoras hemos sido… al fin y al cabo esa es nuestra esencia, la esencia de ser MUJER!!!!!! de lo contrario no tendríamos una historia que contar.

  3. Antes muerta que princesa

    El problema es que crecimos con síndrome de princesa. Nos jodieron más los cuentos de príncipes que los peliculones, estos últimos solo remataron el trabajo y alimentan antiguas falsas esperanzas. Queremos una vida rosa que jamás llegara, queremos un hombre perfecto y besamos al sapo que se nos pone en frente, lo peor nos enamoramos del sapo al que besamos, nos creemos hasta salvadoras y nos empeñamos en “yo se que el va a cambiar” “el me quiere” y las únicas convertidas de mal en peor somos nosotras. Yo me he encontrado con ceros… a la izquierda :( … Alguno me oculto durante tres años de relación su verdadera edad (era menor que yo en realidad) y toda su vida era mentira, desde su apellido hasta sus estudios y como yo soy una relajada y me fastidiaba hacer visita de suegros nunca indague su vida. GRAVE ERROOR!! con este aprendí que hay que pedir hoja de vida, fotocopia de la cédula, antecedentes penales,visita domiciliaria y entrevista a los amigos, recomendaciones personales de las dos últimas ex novias del tipo, y contrastar toda la información con DAS, Interpol, SIJIN, DIJIN…casi me da un ataque pero se comió rico, que carajos. También seria bueno pedir, antes de empezar una relación, extractos bancarios y certificación laboral. Pues digo yo, si uno quiere ir a la fija mejor asegurarse antes que encontrarse sorpresas en el camino. XD. Ahora que he aprendido tantas cosas yo digo: Que bese a un sapo bueno, que me lo coma hummm depronto si es que esta muy querido y uno esta urgido, pero ni en sus sueños algo más, porque si me hablan de cuentos de hadas yo no soy princesa, yo soy reina en mis dominios, y aquí mando yo! A ver… repitan conmigo: sapitos a saltar a su charco, sapitos a saltar a su charco! ;)

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