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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 16 de septiembre de 2019

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12 Comentarios

Las 50 pintas del Negro. Segunda entrega

Elvira

Estoy recostada sobre el prado. Siento mi cuerpo diferente. Mis manos se ven distintas, hasta mis talones han cambiado de forma. No soy la misma del vestido beis, la que días antes había bailado a la fuerza alguna canción de J. Balvin que nunca había escuchado en su vida. No soy la misma que pidió un enorme zumo de arazá en la fuente de soda con el hombre protegido por una colonia de jinetes del apocalipsis.

Veo las nubes cambiar de forma. Algunas hacen dragones, otras se convierten en galápagos. Otras toman la forma de sus manos, de su nariz, de su sombrero. No puedo ver su cara, no puedo recordarla como quisiera. Pienso, me concentro, cierro los ojos. No puedo. No lo veo, pero recuerdo su tacto. Como un hielo cortado por una gota de cera hirviendo.

***

Abrió la puerta y me dio paso. Salimos de la fuente de soda, pasando de unos cómodos 20 grados a los 38 que parecían 45. La humedad era insoportable. La puerta se cerró detrás suyo y le agradecí por el zumo que parecía un sorbete. “Ya se lo había dicho antes, señorita Acero. Es un placer poder servirle a una mujer como usted. Es una lástima. Mi reunión es inaplazable. De lo contrario me hubiese encantado llevarla a caminar por el malecón. Aunque hace mucho calor. Tal vez después”. Sacó su billetera y de ella una tarjeta de doble cara, por delante negra con elegantes letras plateadas, y por detrás un fondo blanco con letras negras. Ubiemar Castillo. Representante Legal de CIG del Caribe. “Mi tarjeta”. “Gracias”, respondí. “Yo no tengo tarjetas”. Y si tuviera, seguramente no le daría una, pensé. “No se preocupe señorita. Nos volveremos a encontrar. Pronto. Tal vez más pronto de lo que usted piense”.

¿Más pronto de lo que usted piense? ¿Nos volveremos a encontrar? ¿Cómo narices sucedería algo así? El tipo no sabe dónde vivo, ni dónde trabajo, no puede saber nada de mí. No hemos hablado casi nada, no le he dado información personal, y hemos tenido dos encuentros fortuitos sin una conexión aparente. No conoce a Pamela, que sería el único vínculo, ni sabe que el apellido que le dí no es realmente el mío. ¿Qué estará pensando? ¿Será tan poderoso como para poder rastrearme? ¿CIG del Caribe será una empresa que se dedica detrás de su elegante fachada al espionaje?

Confieso que sentí algo de miedo. Pero un miedo desbordado por curiosidad. Me sentí perseguida, espiada, vulnerable. Pensé que tal vez lo mejor sería pasar unos días donde Franco. Bah. Qué ridiculez. El tipo no parece un asesino. Al contrario, respira una elegancia y un misterio intoxicante.

Pronto.

Esperaba que pronto se convirtiera en un ya mismo. Quería volverlo a ver.

Pronto.

***

“No lleves ese bolso”, me dice Pamela mientras se asoma por su cuarto y me ve casi huyendo por la puerta trasera de la cocina. “Te va mejor el azul”. Me regreso y le hago caso. Saco mis cosas del verde y las paso al azul. Aunque me gusta el verde. Pero Pamela sabe de estas cosas. Mucho más que yo. “Freddy vendrá en un rato. Nos puede dejar cerca del centro”. “Gracias Pame. No voy lejos”.

Le di un abrazo y mientras cerraba la puerta le tiré un beso. Es linda. Ya lo he dicho antes. No sé qué planes tendrá.

Esperé en la parada del autobús. El 23 está retrasado. Supongo que todos estarán retrasados. Me siento en la banca del paradero y miro el reloj. “Cinco minutos”, pienso. “No es algo raro”. Pongo el bolso sobre mis piernas, lo abro y saco un brillo de tono rosa que me había traído Pame de alguna parte. Sabe a fresa. No me gustan los brillos con sabores. Me lo quito con la manga del pulóver y vuelvo a mirar el reloj.

Alguien me toca la espalda. Es Pablo. Me da un gran abrazo y pregunta hacia dónde voy. Me encojo de hombros y me dice que va a la fiesta de unos amigos y que lo acompañe. Saco el móvil. No hay nada. Ni llamadas perdidas, ni mensajes, ni chats. Reviso la señal. Está funcionando. Miro a Pablo y le digo “tal vez te puedo acompañar un rato”. Pablo sonríe y me toma del brazo. “Vamos caminando. No es lejos”. Me alejo de la parada del autobús y veo el 23 llegar. Nadie se sube y nadie se baja.

“Cobarde”. Pienso. “Soy una cobarde”.

***

Primera entrega

Tercera entrega

Cuarta entrega

Quinta Entrega 

 

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Comentarios

  1. Ana Maria

    Esta buena! me gusta la historia, pero es necesario escribirla en “españolete”?

  2. VaLeRiNa

    Esta entrega me pareció normalita, pero “conociendo” a Elvira pronto lanzará una bomba! Lo que más me gusta de la redacción es que es altamente descriptiva y lo lleva a uno a volar con la imaginación.

  3. Sara

    Después de haber leído la primera entrega de esta apasionante historia quedé prendada para seguir leyendo lo que seguía. Y de la manera en la que me reí leyendo la primera, me reí leyendo esta. Elvira d’ Acero ídola!

  4. Paola

    Q risa….. lei la serie en 2 semanas…ya quieroe leer la tercera parte… la chimba leerla Colombian Style..:p

  5. Ana

    Quiero mas!!!! Usted si no mija nos esta edjando en ascuas mucho, escriba mas seguidito !!!! 😉

  6. Lala

    Mas mas mas mas! quiero mas mas mas mas! Madldita sea, quien es ese ubeimar????

  7. S0LECIT0

    Ayyyyyy ……me encanta estas historias…donde no se peirde un detalle….no he leydo las sombras de grey….pero si dices que es algo asi me esta entrando curiosidad…

  8. Roxy

    Que bueno que estas entregas son seguidas, esta historia me tiene atrapadísima, además me encanta el lenguaje, hasta lo leo en “castellano” jajajaja un abrazo, felicidades Elvira, Dios las bendiga =)

  9. Pualis

    “Cobarde”. Pienso. “Soy una cobarde”.

    Que hit! Desdspues de la serie viene la telenovela de telemundo? les iria increiblemente bien! Ustedes son como Meredith G meets Conchita alonso.

    Gracias por hacer que mi dia empiece bien. ya tengo tema en al oficina. Voy a pensar en mi “UbeimaR”

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