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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 20 de julio de 2019

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25 Comentarios

Las 50 pintas del Negro. Primera entrega

Elvira

La moda erótico-porquería-literaria nos inundó, y yo, aunque me resistí, no pasé invicta. En un país en el que el promedio de lectura está de menos de un libro por adulto, al año, todos hablan, o quieren saber, o leen Las Cincuenta Sombras de Grey. Y yo engroso  las cifras. Una lectura rápida del primer libro me inspiró para hacer mi propia versión colombianizada: Las 50 pintas del Negro, de la cual les traigo la primera entrega.

¿Será que esto me lanza al estrellato vacuo del que ahora hace parte E.L. James?”

Primera entrega
Por: Elvira d’Acero

Todo empezó por Pamela. Ese día, al llegar del trabajo, Pamela estaba esperándome sujetando con una mano un vestido beis, corto y medio transparente. En la otra, unos tacones altísimos le colgaban de su dedo índice que servía como gancho. “Esto es lo que usarás. Salimos en treinta minutos. Hace un rato me llamó Freddy y me confirmó que ya había salido de la interestatal”. Tomé el vestido y los tacos, y entré al baño. Me quité las zapatillas, los vaqueros y me puse la ropa que Pamela había escogido para mí. Me apliqué un poco de rubor y me quité la coleta que me hacía ver como una niña de 13 años.

Salí del baño y Pamela estaba lista esperándome en el livin. Es tan linda. Esos enormes ojos verdes hiptonizan a los hombres. Mis ojos en cambio son pequeños, a veces tengo mirada achinada. Ella es alta, tan elegante. Y yo, demasiado alta, demasiado flaca, tengo demasiado pelo, demasiado largo y ondulado. Y soy demasiado torpe. Algo debo aprender de Pamela.

“Freddy está acá”, dijo Pamela con esa voz ronca. Tomé mi bolso y salí al porche. Ahí estaba Freddy, un témpano de hielo, sosteniendo la puerta trasera del Audi xxx negro que nos llevaría al matrimonio del que tan poca información me había dado Pamela.

***

Luces de colores, palmeras, decenas de mesas blancas con flores enormes y exóticas en su centro, meseros por doquier y una enorme barra con ocho bartenders que sacaban sin descanso bebidas de todos los colores. Debía haber por lo menos 800 personas ahí, en medio del calor, sudando y contorsionándose al son del estruendoso reggaetón que venía de la tarima.

Me levanté de la mesa, le dije a Pamela que me sostuviera el bolso. Le pregunté si quería un trago. Asintió. Caminé hacia la barra tratando de quitarme del medio a todos los invitados que bailaban sin descanso con arena en los pies. Pasé al lado de la novia. Estaba hermosa. Me recordó a Pamela Anderson cuando se casó con Kid Rock. Parecía una diosa con ese traje de baño blanco de dos piezas con bordes dorados.

A veces pienso que soy invisible. En ese momento me sentía invisible, porque a pesar de las mil señas que le hacía a los bartenders, ninguno se percataba de mi presencia ni hacían el más mínimo gesto para ayudarme a calmar mi sed.

“Es mejor pedirle a los meseros”, me dijo una voz gruesa que provenía de atrás mío. Sentí el dulce aliento anizado del hombre que pronunciaba esas palabras, que atravesó mi nuca como un corrientazo. Me di vuelta tímidamente y le sonreí como un gesto de agradecimiento por el consejo. “¿Aguardiente?”, me preguntó. Nuevamente me di vuelta y asentí. “Gracias”, le dije.

Destapó una botella de aguardiente sin azúcar y me sirvió un trago corto. “Voy a pedir hielo”, le dije. “Prefiero el aguardiente con hielo y un poco de limón”. Levantó su mano y le hizo un gesto a un mesero. Inmediatamente, el mozo se acercó con dos vasos con hielo, y sirvió los tragos. El misterioso hombre me entregó uno de los vasos, me miró a los ojos con una mirada profunda y desconcertante, hizo un gesto de brindis y dijo: “es un gusto servirle a una señorita como usted. Ubeimar Castillo. Pero todos me llaman “El Negro”.”

Los vasos chocaron y tomé un sorbo. El alcohol entró a mi cuerpo como un torrente de vida. Un torrente que se electrizaba con la mirada seductora de ese hombre que ahora me invitaba a bailar. “No bailo”, le dije. Posó su mano sobre la base de mi vaso y me obligó a llevarme un nuevo sorbo a la boca. “Es J. Balvin. Nadie puede resistirse a J. Balvin”. Me tomó de la mano y me llevó a la pista, un enorme espacio que simulaba una playa. La arena empezó a meterse en mis tacos. Incómoda, mientras trataba de seguir el ritmo de este hombre que se movía sensualmente sin retirar su mirada de la mía, me quité los tacos.

Se acabó la canción, le di las gracias y me alejé de él buscando mi mesa. Creí que Pamela estaría preocupada. Di cinco pasos, me tomó de la mano y me volteó con violencia. Un poco de trago cayó sobre mi vestido, que ahora hacía que se me viera la piel. “No me ha dicho su nombre”, me dijo “El Negro” sin soltar de mi mano. “Me hace daño señor Castillo. Soy Elvira”. “Disculpe. Hermoso nombre. Muy clásico. ¿Y su apellido?”. “Acero. Gracias por el trago. Debo regresar a mi mesa. ¿Puede dejarme ir, señor Castillo?”. Me soltó la mano suavemente y no dejó de mirarme hasta que llegué a mi mesa.

“¿Dónde has estado, Elvira?”, me preguntó Pamela. “Ya estaba pensando que habías conocido a alguien”. “A nadie. Había mucha fila en la barra. No pude pedirte nada”.

***
Sonó el despertador. El reloj marcaba las 7am. Tenía que trabajar, había prometido cubrir a Pablo en su turno de la mañana. Me levanté de un sopetón y mi cráneo retumbaba con las pulsaciones aceleradas y marcadas de las venas de mi cabeza. Abrí la ducha y me metí bajo el chorro de agua helada. De repente, llegó a mi mente el recuerdo de esos ojos negros punzantes que se rehusaban a desaparecer. Corté el chorro, me envolví en la toalla, me sequé y me tendí en la cama. No lograba sacar esos ojos de mi mente. Recordé sus manos. Eran grandes y suaves. Y su cabello, negro y húmedo, perfectamente puesto en su sitio. ¿Tendrá barba? ¿Raspará como lija?

7:45. Iba a llegar tarde.

***
Hacía calor. Se podía ver el vaho saliendo del pavimento como si un volcán estuviera a punto de hacer erupción. Pasaban los transeúntes moviendo papeles y revistas como si fuesen abanicos, posando sus manos sobre sus frentes tratando de mermar la luz calcinante del sol.

Me senté en una banca bajo la sombra de una enorme acacia. Destapé una botella de agua helada que había comprado en un puesto de la calle. Me la pasé por la frente tratando de apaciguar el calor. Bebí un sorbo enorme y me recogí el pelo con una coleta alta, como Carmen Miranda.

De repente, un bullicio de gente me hizo voltear la cabeza. Venían por la calle unos diez hombres, todos con gafas oscuras y con una mano sobre la cintura como si escondieran algo. Pasaron al frente mío como un ejército de nazis perfectamente coordinados sin percatarse de mi presencia. En el medio de ellos venía un hombre alto, también de gafas oscuras y un sombrero Panama. El hombre se detuvo y miró hacia atrás. Todos se detuvieron. Se acercó a mi en contraluz y dijo: “Señorita Acero. Nos volvemos a encontrar”.

Era él. El hombre de los ojos negros penetrantes. El de las manos enormes y perfectas. El que no había podido sacar de mi cabeza a pesar de la brevedad del encuentro que habíamos mantenido. Ese hombre a quien la luz del sol del trópico hacía que se viera como una estrella del canal local. Por dios, qué guapo era. Mucho más guapo de lo que recordaba. Bueno, no era un hombre de belleza perfecta, de ángulos perfectamente simétricos, pero tenía algo que era absolutamente irresistible. Era su mirada, que ahora escondía detrás de esos lentes oscuros.

“Señor Castillo. Veo que es un hombre importante” le dije sin titubear, como si fuera la mujer más segura del universo. “No crea en lo que ve, Señorita Acero. Hace más de 38 grados. Esa botella de agua ya debe estar hirviendo. Voy para una reunión, pero tengo unos minutos. ¿Quisiera acompañarme por una bebida helada? Pregunto, porque no parece estar ocupada. O tal vez espere a alguien… a su novio probablemente”. “No tengo novio, señor Castillo. No estoy esperando a nadie. Sólo me detuve a pasar el calor”. “¿Está aceptando mi invitación, Señorita Acero?”. “¿Qué lo hace pensar eso Señor Castillo?”. “Soy bueno leyendo a las personas”.

Sí que lo era. Aunque no lo conocía, sentía que me leía como a un libro abierto. Sentía cómo recibía por ondas cerebrales cada una de los pensamientos que se me cruzaban por la cabeza. Todos y cada uno de ellos eran sobre él. Pensamientos que no quisiera que nadie conociera. Hasta yo misma desconocía mi capacidad de procesar semejantes imágenes mentales. La temperatura subía y “El Negro” esperaba una respuesta.

“De acuerdo, Señor Castillo. Tengo unos minutos. Algo frío no caería nada mal”.

Hizo un gesto elegante, me abrió paso frente a sus hombres inmutables, como si fueran armaduras de plomo. Nos rodearon en un círculo, sin separar sus manos de sus cinturas y empezamos a caminar como si fuéramos transportados por una burbuja impenetrable en medio de la acalorada muchedumbre.

“Escoja usted el lugar, Señorita Acero”.

“Llámeme Elvira. Me hace sentir vieja”.

 

***

Segunda Entrega

Tercera Entrega

Cuarta Entrega

Quinta Entrega 

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Comentarios

  1. Li Zeth

    Jajajaajajja que risa! Excelente<!

  2. stella

    version poco relacionada, chicas amo su imaginacion, pero es la mejor del mundo

  3. Mariale

    En lo particular me gusta mucho su blog, historias, etc, incluso me he sentido identificada en algunos momentos. Pero la verdad no me gusto el final de esta historia, ademas que la historia como tal me parece forzada y se le pierde el hilo en varias partes. Ademas el final me parece mas de lo mismo de las historias que sacan de Colombia, q siempre esta involucrado, el narcotrafico, los negocios fraudulentos, la policia, sicarios, etc, creo q seria mas bonito sacar historias positivas y que muestren lo bonito de ese país.

    Por otra parte. Para las personas que no han leido la trilogia de Las 50 Sombras de Grey y creen que esta historia es una parodia de estos libros, les comunico que estan equivocados, aun cuando hay como tres escenas similares (mas no iguales), la historia es totalmente diferente.

    Espero no tomen a mal mi comentario.

  4. liz

    Fascinante historia!

  5. Lu

    Muy bueno!!

  6. dayana

    jajajajajajajajajajajajaja me gusto mas esta versión

  7. valentina

    las amo <3<3<3

  8. nanna

    Debo reconocer que me dio curiosidad y le eche una ojeada al libro … y pues termine leyendome la trylogia.. aun no puedo decir si por morbo o por cursi, pero recorde el chiste malo de porque las mujeres vemos las peliculas porno hasta el final… a ver si el tipo se casa con la vieja.. necesito una lectura seria y reparadora despues de tanto rosa cursi estoy empalagada!!!!

  9. pato

    Muy buena entrega!

  10. VaLeRiNa

    Decidí esperar a que publicaran todas las entregas para leer de corrido. No quiero imaginar con qué va a salir Elvira…!!! JaJaJa iNTRiGa…!!!

  11. Ferenc

    tengo el mal hábito de volver a la parte 1 (o 0) aun cuando termino la saga…después de leer hasta la 3 entrega, puedo decir que prefiero este inicio. Muy, muy buena la historia y muchísimo mejor llevada! Aun toca esperar para el 4°? 😛

  12. Giovanna

    Me encanto!!! E.L James se queda corta ! quiero mas !!! ya quiero conocer a ese negro señorita Acero :)

  13. S0LECIT0

    Wow…….quiero más….!!!! deje de ver el capitulo de wlking dead por leerte…..

  14. lalanegra

    me encanto!…. si no ha llegado la segunda teporada estas historias estan fenomenales!…espero que pronto publiquen su continuacion!

  15. Nia

    Ufff me encanto, está super Bueno… Ojala sea pronta la segunda parte, y Anita tiene razón fue un gran apunte, tambien Googlie 😉

  16. Anita

    Que es ese golazo de apunte de pamela andreson y kid rock! Confieso que googlie y wow!
    La senorita james debera empezar a temblar ante la preencia de la señorita acero!!! Cuando viene la segunda parte?

  17. Asincerandome

    Definitavemente E.L James al lado de Elvira si es una boba con papeles. Capza que (James) ve este post y lo plasma en su nuevo libro y se vuelve todaviía más exitosa.

    No tardes en continuar la historia Elvira d`acero please!!

  18. Asincerandome

    Definitavemente E.L James al lado suyo es una boba con papeles. Capaz que ve este post y ella (James) lo plasma en su nuevo libro volvíendo aún más exitosa.

    No tardes en continuar la historia Elvira d` acero.

  19. Lala

    Ay dios mio, quiero saber que sigue. EL james puede empezar a temblar del miedo. Muy bueo elvira d’acero

  20. Roxy

    Ya me encarreté con la historia señorita Acero. Y a doña Lulú que puede ir publicando la foto de “El Negro”

  21. ljimena3

    Elvira, no nos dejes en puntos suspensivos mucho tiempo… ya quiero saber que paso con El Negro!

  22. Lulú de la Concha

    Yo les tengo foto de El Negro, no se hagan ilusiones que no es Denzel Washington ni Will Smith 😛

  23. Zara T

    … que intrigaaa con el dichoso negro! … Elvira por favor, no nos haga esperar mucho con la continuacion de la historia :)

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