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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 09 de diciembre de 2016

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34 Comentarios

Me gustan “viejos”

Encierro en comillas la incómoda palabra que sirve de título de este post para evitar enfrascarme en debates incómodos de cuándo es una persona vieja para los demás y cuándo lo es para mi.

Los hombres “viejos” protagonistas de mi post son aquellos en los que ni a palo me hubiera fijado hace cinco años porque, según mi prejuicio infantil, ya olían a rancio y estaban llenos de mañas. Digamos, 15 años mayores que yo.

Tal cambio de paradigma sucedió hace un par de años. Estaba cuadrada con un mancito que se ajustaba a mi ideal generacional, pero era un desastre. Estaba atrapado en la adolescencia, me dejaba botada por ir a hacerle vueltas al papá, apenas salía de la universidad, dependía económicamente de su mesada, y creía que para que su viernes valiera la pena tenía que incluir altísimas dosis del combo “vómito con sangre” (mucho alcohol, muchos amigos, puños eventuales y peleas fijas con novias borrachas y lloronas).

En medio de esta relación miserable y fugaz apareció un ser sereno, maduro y responsable y cambio total. ¡Los “viejos” rules! Era 14 años mayor, tenía un gran trabajo y la serenidad y sabiduría que dan los años. Lo malo, era de esos solteros eternos que no creen en el compromiso, y que por ende son un poco egoístas. Pero, como yo no buscaba matrimonio, él era simplemente perfecto.

Como me llevaba 14 años de ventaja su cabeza estaba 14 veces más llena de información, así que cada conversación era idílica, él tenía qué decir, yo qué aprender y decir, y todos ganábamos. También llevaba 14 años más que yo recorriendo la ciudad, así que conocía unos lugares que ni les cuento. Unos muy lindos y románticos, otros emocionantemente cochinos y macabros. Tenía su propia casa, así que con él nunca tuve que moteliar (en ese entonces yo todavía vivía con mis papás).

Su lista de bondades es larga, pero terminaré con el sexo. Era maravilloso. Antes por cuenta de mi prejuicio creía que los “viejos” ya no aguantaban -lo que por cierto justificaba muy bien la existencia del Viagra-, pero ese no era su caso. Ese señor se conocía tanto que sabía cómo durar lo que tenía que durar. Finalmente había estado 14 años más que yo en el negocio y sabía cosas que yo no imaginaba. ¡Adiós misionero! La experiencia también lo había librado de prejuicios, se arriesgaba, y me hacía cosas que requieren un conocimiento que solo da la práctica.

Mi historia con él terminó, pero quedé fregá. Adiós veinteañeros. Tal vez este ‘gustito’ me convierta en la feliz merecedora de un divorciado/viudo temprano, porque a medida que pasan los años los hombres de esa edad ideal se casan, tienen hijos, y los que no ya generan suspicacias. Pero es un riesgo que puedo correr. No hablo necesariamente de más de una década de diferencia. Con un lustro me conformo.

Total, me chiflan las voces adultas, los planes treintañeros/cuarentones, y las canas escasas (mejor si sobresalen en una barba tupida de tres días). Así que sí, me gustan “viejos”. Nada que hacer.

Comentarios

  1. Madison

    Tengo un viejo con mucho dinero de 86,
    el como hombre no cirbe pero es un freco sin poder resorver.
    Que hago en la cama ? .Gracias

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