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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 18 de octubre de 2019

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11 Comentarios

Todos tenemos derecho a un descache

Invitado

Por Cucú Pombo

Pues si… Esa es la conclusión a la que llegué después de varios años de estar arrepintiéndome.

Utilizo esta columna más como un confesionario que para ganarme a Rodolfo (aunque si me interesa), pues llevo varios meses (¿o ya son años?, no sé, lo que sea) dándome golpes de pecho pensando en que la arrechera no solo lo lleva a uno a tener sexo en los lugares más insólitos, sino que además a veces terminamos fijándonos en los hombres más opuestos a nuestros principios y a lo que pensamos es el “ideal”.

En mi caso, la cosa fue aún más patética pues yo me enamoré. Siiiiiii, yooooooo, que me creía la súper ejecutiva, inmune a cualquier vividor que se me atravesara en la vida. En mis veintipicos me veía independiente, inteligente, de buen gusto, mejor dicho: el mejor partido. Yo que caminaba libre por el mundo, tomé la decisión de fijarme en un tipo con nombre de mensajero (de esos importados que terminan en y), de una procedencia digamos… humilde, y que resultó ser todo un guache.

Lo conocí en mi antiguo empleo, en donde ocupaba un cargo directivo. Él, que fue contratado para un cargo temporal y de menor jerarquía, se creía la única cocacola del desierto, y lo peor: yo me creí el cuento. No se que me pasó, creo que fue mal de vereda o algo por el estilo, pues si bien no estaba mal, tenía ciertos detallitos que si yo hubiera estado en mis cabales nunca habría obviado: usaba el anillo de grado de la universidad (de solo acordarme convulsiono), pulsera, cadena de oro con un colgandejo amorfo feísimo, camisa abierta de par en par mostrando tres pelos solitarios y se pintaba las uñas de esmalte transparente. Aunque es mayor que yo, vivía con los papás, andaba en bus pues nunca tenía un peso, y era tan machista que rayaba en lo misógino.

Y no, no es por estas “pequeñeces” que ahora me arrepiento, sino porque pese a ellas, él juraba, rejuraba y perjuraba que si él quisiera, con sólo mover un dedo, todas las mujeres a su alrededor caerían como moscas. Y yo caí. Ayyyyyy noooooo que horrorrrr. Me da pena confesarlo, pero es cierto. Y me importa un carajo que me tilden de materialista, que me digan que lo que importa es la “personalidad”, que piensen que estoy discriminando, pero es que el mal gusto no se cura con pastillas….

Tengo que reconocer que cuando por fin agaché la cabeza y acepté que me gustaba (porque no lo podía creer) hice todo lo que humanamente pude para echarle los perros: lo invitaba a salir, le compraba regalos sin ningún motivo, hasta le presté plata que todavía estoy esperando que me pague. No saben la cantidad de noches que pasé imaginándome las revolcadas que tendríamos cuando cayera, en cómo me daría hasta por las orejas durante horas y horas hasta que yo clamara clemencia para que me dejara descansar. Pensaba hasta en la sonrisa de satisfacción que tendría a la mañana siguiente. Pero no, la realidad es muy diferente a lo que esperamos con ansias y cuando por fin me lo comí (porque además dio lidia el maldito) resultó polvo de gallo.

Lo increíble de la historia es que eso tampoco me importó. ¡Si! Me había enamorado (insisto: no se porqué) y ahí el tipejo ese si me la montó: se me exhibía con cuanta falda se le atravesara por delante y yo llorando a moco tendido cual Verónica Castro, creo que más de la indignación, porque qué viejas tan inmundas. Hasta que un día ya desesperada, celosa a punto del suicidio (y eso que nunca en mi vida, ni antes ni después he sido celosa) y luego de aguantar toda clase de maltratos psicológicos y chantajes emocionales en cómodas cuotas semanales, me dejó de importar. Así como me llegó el amor (o la arrechera, no se…), así se fue: de un día para otro. Un día al despertarme me sentí ridícula y decidí recuperar mi dignidad: Lo mandé para la P.M., y me enredé con mi mejor amigo, asunto que tampoco resultó bien pero ayudó, porque si es cierto que un clavo saca a otro clavo. (¡Y qué clavo el de mi ex mejor amigo!, pero esa es otra historia que después, si me animo, les contaré).

Comentarios

  1. una infiel mas...

    jajajajaja, a todas nos pasa!!!!!
    descaches….
    que luego uno mira y dice…. yooooooo????

    me imagino que ellos pensaran lo mismo.

    que oso!!!!

    me rei muchisimo.

  2. taheca

    la historia se parece bastante a la del incredulo infinito, pero esta vez sí escrita por una mujer

  3. Carolina

    El mejor!!!! También me identifiqué en ciertas partes, a la mayoría nos pasa alguna vez en la vida.

  4. Maria

    Popper, I love you jajajajajajajjaa, gran comentario

  5. Cucú

    Gracias a todos por sus comentarios…. Y si Carmen, lo mejor del cuento es que es 100% real…. Para mi pesar….

  6. Carmen

    Qué buena historia!!!, me siento identificada en la mayoría de las partes!!, jajaja

  7. ali

    fatal anillo en el dedo y cadena… de lo peor…. me aguanto la cadena y bien guardada, cucu menos mal todo tiempo pasado fue peor…

  8. Popper

    Solo quiero decir, que en la parte en que puso porqué, realmente va por qué

  9. Laura

    ay no, me siento tan identificada que me da tristeza … lo peor es que todavia espero el clavo …

  10. Karim

    esta mujer sabe que como dice el viejo refrán, el que no come chulo no saborea el faisán. 😀

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