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Susana y Elvira | mujeres, sexo, amor, hombres y más | 14 de noviembre de 2019

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13 Comentarios

1000 peleas que dar antes de morirse

Invitado

Por: Mema Uricochea

En una tarde de reposo frente al televisor me encontré con un programa de viajes llamado “1000 lugares que ver antes de morirse”. En él una pareja de recién casados son escogidos para viajar a 1000 locaciones  y disfrutar de la comida, los paisajes y las tradiciones de 1000 sitios alrededor del mundo. En el capítulo que pesqué, los enamorados alimentaban a unos elefantes en una reserva natural de Sudáfrica y mientras los paquidermos evacuaban por la parte de atrás hacían monerías con la trompita.

Quedé impactada. Entré en shock.

Lo impresionante no era ver lo que hacía el elefante. De solo imaginar cuántas peleas se sucedieron en 5 meses de viaje entre unos esposos, perdí el aliento.

Si cualquiera de nosotras echa atrás la película y se devuelve unos meses, semanas o años a un paseo romántico con su pareja, es inevitable recordar que con cada empacada de maleta viene una pelea de proporciones bíblicas.

Hay muchas cosas que desatan la ira en un viaje de reposo. Ahora, multipliquen eso por 1000 viajes de reposo. En mi concepto esos viajeros del programa ya están separados bajo el argumento de “diferencias irreconcilables”, ella tiene acné y usa una talla más de pantalón, él tiene barriga blandengue, múltiples picadas de moscos de 1000 nacionalidades diferentes adornan sus tobillos, y en el botiquín hay frascos de jarabe para la diarrea en más de 30 idiomas.
Ellos salieron de Estados Unidos recién casados y enamorados. Cinco meses después no quieren volverse a ver nunca, odian la comida étnica y las artesanías.
El viaje es una prueba de amor, una prueba que el amor nunca es suficiente.

Todo comienza con la empacada de la maleta. Para los hombres el concepto de “varios trajes de baño” es absurdo y apenas ven más de un bikini en la cama comienzan a pelear diciendo “- es que tú no sabes viajar, hay que ir ligero”. Pero cuatro bikinis no superan el kilo de peso mientras que las 8 pantalonetas y las 16 camisetas (“- es que sudo mucho mi amorrrcito”) no pesan nadita y mucho menos los pantalones o las sandalias de cuero. Nuestro espacio en la maleta se ve reducido a un tercio mientras empacamos resignadas los tennis talla 45 y las guayaberas (“-que no se arruguen mi vidiiiita”). Nuestro “-exagerado” bolsito de cosas de aseo “-que nunca usas y no sirven para nada” es todo lo que ellos usan ya que con suerte solo empacan el cepillo de dientes. Nuestro champú, el bronceador, la crema de dientes y hasta los masajes del pelo desaparecen misteriosamente. Eso si, “no sirven para nada”.

Las peleas son directamente proporcionales a la distancia que se debe recorrer para llegar al destino. Entre más lejos, más peleas. Por eso de Bogotá a Manizales hay una pelea empacando y una en la carretera. Pero de Colombia a Australia hay una empacando, una en el aeropuerto, una en el avión, una llegando, una entrando al hotel, una diaria leyendo el mapa, una en la noche romántica y de regreso lo mismo…

Qué comer, a dónde ir, qué dejar de ver, dónde dormir, todas son un posible argumento de pelea. Pero la pelea que sin duda es inevitable es la de los regalos. Qué llevar de recuerdo, qué al sobrino, qué a la hermana, qué a los papas…Si la maleta viene llena se va peor; los hombres pelean sin cesar porque nosotras compramos cosas, pero nosotras compramos cositas que se doblan o se arrugan. Ellos compran una escultura “única”, otros pares de zapatos de cuero gigantes, un juego de tazas chinas “que me encargó mi mamᔠy cosas que ni se doblan ni se pueden estripar en la maleta. Eso sí, nosotras si que compramos cosas inútiles. Como si en Colombia no vendiera tazas de porcelana en cualquier Sanandresito. Ni decir del tubo de cartón con el afiche…

La enfermedad es otra parte clave de cualquier paseo. No hay muchas posibilidades de malestar, casi siempre el malestar recae sobre los hombres y es de tipo digestivo. En todo caso el que ellos se enfermen es nuestra culpa, así que nosotras debemos cuidarlos y aguantarlos durante la enfermedad. Pero cuando decimos que ya comieron suficiente y que es mejor no comer cosas en la calle, “tu si que molestas, no?” Así que por lo menos uno o dos días se pasan en el hotel, tomando agua y viendo televisión. La cura para la insolación –un clásico del viaje al mar- es la misma, encierro en el hotel, grandes cantidades de crema y aspirina  y la recriminación-“cómo no me dices que me estaba insolando?”. Como si a nosotras nos diera gusto verlos morados y alegando.

Eso sí, pecado si uno se cansa luego de recorrer 18 km a pie buscando un concesionario para comprar el repuesto del carro antiguo de Memo que no se consigue en Bogotá. Me pregunto si Memo conoce el concepto de Internet…entonces nos “dejan” sentar a tomar algo y se demoran 4 horas en regresar, nosotras nos aburrimos y vamos a dar una vuelta y como no tenemos celular nos perdemos y decidimos regresar al hotel al que ellos llegan 6 horas después echando chispas. Claro, coger un taxi era absurdo, ellos se devuelven a pie para recriminarnos que caminaron de vuelta buscándonos. Ese día es el mismo de la cena romántica, o es el año nuevo que uno pelea hasta las 11:55pm.

Todavía no soy mamá, pero supongo que las peleas aumentan de manera exponencial dependiendo del número de niños. Súmele a la maleta el coche, el corral, la silla del comedor, la piscina inflable, el mosquitero de la cuna, -la cuna-, el talego de juguetes, la colección de dvd`s con las películas de moda, el juego de chupos, teteros y tarritos de jugo. Supongo que cuando al papá se le olvida empacar el termo favorito hay otra pelea, que se desarrolla mientras el niño se azota contra las paredes llorando por su tarro. Por eso creo que si uno tiene niños no debe alejarse mucho de la ciudad, y procurar no olvidar la ballena inflable flotando en la pisicina…

Yo creo que uno puede darse mil peleas de pareja a lo largo de su vida, lo que creo es que dárselas todas en un semestre es una formula para el desastre.

Mi peor pelea de viaje más fue causada por un par de sandalias nuevas que me hacían ampollas al caminar.  ¿Y la suya?

En una tarde de reposo frente al televisor me encontré con un programa de viajes llamado “1000 lugares que ver antes de morirse”. En él una pareja de recién casados son escogidos para viajar a 1000 locaciones y disfrutar de la comida, los paisajes y las tradiciones de 1000 sitios alrededor del mundo. En el capítulo que pesqué, los enamorados alimentaban a unos elefantes en una reserva natural de Sudáfrica y mientras los paquidermos evacuaban por la parte de atrás hacían monerías con la trompita.

Quedé impactada. Entré en shock.

Lo impresionante no era ver lo que hacía el elefante. De solo imaginar cuántas peleas se sucedieron en 5 meses de viaje entre unos esposos, perdí el aliento.

Si cualquiera de nosotras echa atrás la película y se devuelve unos meses, semanas o años a un paseo romántico con su pareja, es inevitable recordar que con cada empacada de maleta viene una pelea de proporciones bíblicas.

Hay muchas cosas que desatan la ira en un viaje de reposo. Ahora, multipliquen eso por 1000 viajes de reposo. En mi concepto esos viajeros del programa ya están separados bajo el argumento de “diferencias irreconcilables”, ella tiene acné y usa una talla más de pantalón, él tiene barriga blandengue, múltiples picadas de moscos de 1000 nacionalidades diferentes adornan sus tobillos, y en el botiquín hay frascos de jarabe para la diarrea en más de 30 idiomas.

Ellos salieron de Estados Unidos recién casados y enamorados. Cinco meses después no quieren volverse a ver nunca, odian la comida étnica y las artesanías.

El viaje es una prueba de amor, una prueba que el amor nunca es suficiente.

Todo comienza con la empacada de la maleta. Para los hombres el concepto de “varios trajes de baño” es absurdo y apenas ven más de un bikini en la cama comienzan a pelear diciendo “- es que tú no sabes viajar, hay que ir ligero”. Pero cuatro bikinis no superan el kilo de peso mientras que las 8 pantalonetas y las 16 camisetas (“- es que sudo mucho mi amorrrcito”) no pesan nadita y mucho menos los pantalones o las sandalias de cuero. Nuestro espacio en la maleta se ve reducido a un tercio mientras empacamos resignadas los tennis talla 45 y las guayaberas (“-que no se arruguen mi vidiiiita”). Nuestro “-exagerado” bolsito de cosas de aseo “-que nunca usas y no sirven para nada” es todo lo que ellos usan ya que con suerte solo empacan el cepillo de dientes. Nuestro champú, el bronceador, la crema de dientes y hasta los masajes del pelo desaparecen misteriosamente. Eso si, “no sirven para nada”.

Las peleas son directamente proporcionales a la distancia que se debe recorrer para llegar al destino. Entre más lejos, más peleas. Por eso de Bogotá a Manizales hay una pelea empacando y una en la carretera. Pero de Colombia a Australia hay una empacando, una en el aeropuerto, una en el avión, una llegando, una entrando al hotel, una diaria leyendo el mapa, una en la noche romántica y de regreso lo mismo…

Qué comer, a dónde ir, qué dejar de ver, dónde dormir, todas son un posible argumento de pelea. Pero la pelea que sin duda es inevitable es la de los regalos. Qué llevar de recuerdo, qué al sobrino, qué a la hermana, qué a los papas…Si la maleta viene llena se va peor; los hombres pelean sin cesar porque nosotras compramos cosas, pero nosotras compramos cositas que se doblan o se arrugan. Ellos compran una escultura “única”, otros pares de zapatos de cuero gigantes, un juego de tazas chinas “que me encargó mi mamᔠy cosas que ni se doblan ni se pueden estripar en la maleta. Eso sí, nosotras si que compramos cosas inútiles. Como si en Colombia no vendiera tazas de porcelana en cualquier Sanandresito. Ni decir del tubo de cartón con el afiche…

La enfermedad es otra parte clave de cualquier paseo. No hay muchas posibilidades de malestar, casi siempre el malestar recae sobre los hombres y es de tipo digestivo. En todo caso el que ellos se enfermen es nuestra culpa, así que nosotras debemos cuidarlos y aguantarlos durante la enfermedad. Pero cuando decimos que ya comieron suficiente y que es mejor no comer cosas en la calle, “tu si que molestas, no?” Así que por lo menos uno o dos días se pasan en el hotel, tomando agua y viendo televisión. La cura para la insolación –un clásico del viaje al mar- es la misma, encierro en el hotel, grandes cantidades de crema y aspirina y la recriminación-“cómo no me dices que me estaba insolando?”. Como si a nosotras nos diera gusto verlos morados y alegando.

Eso sí, pecado si uno se cansa luego de recorrer 18 km a pie buscando un concesionario para comprar el repuesto del carro antiguo de Memo que no se consigue en Bogotá. Me pregunto si Memo conoce el concepto de Internet…entonces nos “dejan” sentar a tomar algo y se demoran 4 horas en regresar, nosotras nos aburrimos y vamos a dar una vuelta y como no tenemos celular nos perdemos y decidimos regresar al hotel al que ellos llegan 6 horas después echando chispas. Claro, coger un taxi era absurdo, ellos se devuelven a pie para recriminarnos que caminaron de vuelta buscándonos. Ese día es el mismo de la cena romántica, o es el año nuevo que uno pelea hasta las 11:55pm.

Todavía no soy mamá, pero supongo que las peleas aumentan de manera exponencial dependiendo del número de niños. Súmele a la maleta el coche, el corral, la silla del comedor, la piscina inflable, el mosquitero de la cuna, -la cuna-, el talego de juguetes, la colección de dvd`s con las películas de moda, el juego de chupos, teteros y tarritos de jugo. Supongo que cuando al papá se le olvida empacar el termo favorito hay otra pelea, que se desarrolla mientras el niño se azota contra las paredes llorando por su tarro. Por eso creo que si uno tiene niños no debe alejarse mucho de la ciudad, y procurar no olvidar la ballena inflable flotando en la pisicina…

Yo creo que uno puede darse mil peleas de pareja a lo largo de su vida, lo que creo es que dárselas todas en un semestre es una formula para el desastre.

Mi peor pelea de viaje más fue causada por un par de sandalias nuevas que me hacían ampollas al caminar. ¿Y la suya?

Comentarios

  1. natalia garcia

    Yo acabo de volver de darle la vuelta al mundo durante un año con mi novio. Sí claro que peleamos, pero la verdad, cuando mas peleamos fue el primer mes. Después las peleas se redujeron. Hubo peleas hasta el final, pero muchas menos que al principio y volvimos juntos. Es una maldita prueba de amor, porque ganas no me faltaron de desconectarle el oxígeno haciendo buceo cuando no me quizo dar la mano mientras tenía un ataque de pánico por un tiburón o de lanzarle una pedrada cuando me dejo atrás en una caminata de 20km porque no caminaba suficientemente rápido, pero a pesar que se quejaba que había comprado muchas cosas, él se ofreció a llevar mi morral porque era más pesado que el suyo. Así que hoy nos conocemos muchisimo mejor que antes y al menos ya sé a que atenerme si llegamos a casarnos

  2. jose alvarez
  3. jose alvarez

    como se llama la cancion de ese programa

  4. Milena

    Peleas en viaje? mmmhhhh…no realmente, algunas chiquitas por pendejadas pero ninguna que me haya dejado la sensación: que hago acá con este personaje? La de Juanita está olímpica!

  5. TT

    Con estas historias… como que mi hombrecito se porta a la altura: en enero fuimos al Tayrona, y sabiendo que sería él quien llevaría en su espalda la maleta de 23 kilos + el camping, no me dijo nada cuando me vio empacar los 8 vestidos de baño en la maleta, sandalias bajitas, y unas altas (por si de pronto bajábamos a Sta Marta de rumbita, porque uno no sabe), + los pantaloncitos, los vestidos, etc…

  6. ktiuska

    mieeeerrrrr!!!! lo que me espera. Y yo con ganas de viajar con él, que jode hasta en Bogotá

  7. elvirita junior

    a mi me paso con un disque levante que tenia q quieriamos ir a acampar el tipo super play re gomelisimo un fastidio completo de esos levantados que ni vienen de cuna pero son mas que los reyes de españa , todo el tiempo me decia o me recordaba que me veia gorda , q hacia mucho frio, q los bichos, que la comida, que el lugar a donde estabamos, noooooo a ver uno va a acampar y asume que esas cosas pasan y son normales pero no el no , el tenia que ir a un campin de 5 estrellas, de camino a bogota ni siquiera me quizo llevar a mi casa, me dejo botada en una avenida a la entrada de Bogota y yo como una mensa con una maleta y haciendole el pare a una flota, pero sin embargo la mala era yo , y luego de unos dias me llamo a decirme una mano de idioteces y hacerme sentir peor, menos mal no le di el gustico de disfrutar de mi mieles por que o si no hay si me habia sentido peor.

  8. Sandrita

    tratar de salir……….por que no hay posicion mas comoda y “mas economica” para salir que quedarse en bogota, pagar un pasje de $1.100 y caminar en el centro, dizque solo por ver de forma romantica las estrellas.

  9. cata

    juanita, que pesadilla de viaje! y aun siguen juntos?

  10. juanita

    te cuento que definitivamente tienes toda la razon, mi viaje fue a un crucero.
    La travesia empeso en Bogotà, como 15 dìas antes por lo de la maleta, 10.000 advertencias de que llevar y que no (que las faldas no fuerna de determinados materiales, que las blusas fueran ligeras pero no muy escotadas, que no habia necesidad de llevar muchos zapatos, que el joyero podia quedarse en la casa… y en fin termino escogiendo mi ropa despues de una infinidad de discusiones), lo mas curioso es que yo lleve una maleta de mano y una pequeña de ruedas y èl llevo una mediana de ruedas(tirando a grande) y otra inmensa de campin…!, el dìa anteriror al viaje me recordo que el era una persona responsable y por nada del mundo iba a perder el vuelo, por lo que me hizo llegar a las 5 de la mañana cuando el vuelo salia a la 9… eso no fue todo el vuelo se retrazo casi 40 minutos y asi si yo no podia decir nada, porque el no podia preever eso. Llegamos a Barranquilla y como yo no conocì me dio por entrar a un par de lugares y èl se iba muriendo, por que segun èl no teniamos tiempo, y lo pero fue cundo me medi un par de blusas y le pregunte como me quedaban e insinuo que era mejor no comprarlas porque estaba gorda para lucirlas.
    Despues de un par de indirectasos y de malos comentarios decidimos tratar de llevar las cosas y nos fuimos para Cartagena donde le diò por tomarse una par de fotos en la torre del reloj, sin bloqueador … lo que mas adelante tendria consecuencias….
    Ya dentro del barco, yo con ganas de bañarme y retocarme un poco, a èl le dio ganas de subir al buffet a comer y “se metio” porque realmente “se metiò” una comilona (papitas, tocinetas, carne, ensalada, frutas, omelet, carnes frias, pescado….) creì por un segundo que iba a explotar.
    Despues de atiborrarse de comida hasta mas alla de la saciedad fuimos a conocer todo el barco, descansamos y nos arreglamos para la cena romantica en el restaurante, ahi fue cuando el barco empezo a andar y la sensacion que tuve fue de mareo y un trastorno total, pero para el solo era un berrinche mio.
    un par de minutos despues de que el barco empezo a andar el tuvo los mismos sintomas y como habia comido demasiado ahi si, el si podia sentirse mal….fue una noche espantosa…
    A la mañana siguiente, salimos a Santa Marta despues de una pequeña discusion por mi demora en arreglarme, a èl nuevamente no le pareciò importante aplicarse bloqueador, por lo que horas mas tarde estaba como un camaron… y la culpable era yo por haber aplicado… !como si yo fuera la mama y el un niño chiquito!…
    podria decirte los siguientes 3 `dìas que fueron de continuas peleas, pero lo mejor de la historia es que a partir de una larga conversacion en la 4 noche del crucero llegamos a un par de acurdos y de ahi en adelante el viaje fue perfecto…. pero solo hasta que llegamos al aeropuerto, donde volvi a ser la cenicienta .. y volvieron las peleas del viaje.

  11. MAFER

    Cuando se tienen nenes ni tiempo hay para pelear,llega una tan mamada que mejor se acuesta para estar preprada para el proximo dia.

  12. Erika

    Me acuerdo de la peor pelea de toda la historia de mis viajes (como con memoria fotografica ) y caigo en cuenta que fué tan tonta la razon que no la recuerdo :s

  13. pao

    definitivamente uno si se puede dar en la jeta mucho pero espaciado en el tiempo. Viajar en pareja es una trotura, aunque si uno lo supera puede estar seguro de que esta con el man que es. Bien Mema, me gusto porque me acuredo una vez que me fui con mi novio a europa y casi nos matamos por esas estupideces que solo se le ocurren a los hombres. Y ni habla de las enfermedades… bien, ojala vuelvas a esribir aca

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