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Cuando conocí a Susana pensé que me iba a sacar los ojos con un tenedor. Me acuerdo con terror cómo me miraba con una ceja subida y con un gesto característico que hace con los labios cuando se siente incomoda con alguien. Yo ni siquiera le había dirigido la palabra, es más, pasaron años antes de que cruzáramos una palabra, y no entendía qué carajos tenía para que esta vieja me diera ‘the evil eye’.

Susana es una de esas viejas a las que una primera impresión no le basta. Se necesitan de hartas (les digo que pasaron años) para que uno le venga a caer en gracia. Creo que simplemente es porque debe estar segura de la gente, pues no es de esas viejas aguas tibias que es queridísima con todo el mundo porque sí. Susana tiene un gran corazón, bien pisoteado, pero grande. Una chica de amores y odios frenteros y eternos.

Es una lady que siempre está  bien puesta en su sitio, ama con loca pasión los tacones, odia sus piernas de pollo, tiene deficiencia de melanina, entiende a la perfección todos los recovecos de la política, le gustan los machos de brazo grande y fornido ojalá con moto, maneja acostada en la silla como una gomela ochentera, canta vallenato con el alma (aunque dice que lo odia), y vive con antojos de cayeye (cosa que en mi gran ignorancia costeña nunca he podido entender qué demonios es) y arroz con huevo a las 3 de la mañana.

Cuando Susana pasó del odio al amor por mi, descubrí que ser una lady chévere, culta,  e inteligente pero con alma de guaricha/diva/loba herida/cantante frustrada/connaisseur de la telenovela venecoazteca, era posible. Es de esas viejas todoterreno que se le miden a lo que sea, aunque a veces me de el ‘evil eye’ cuando la invito a mis planes -según ella- para “intelectuales” (a esta palabra siempre le pone una entonación característica para decirme que soy una mamerta sin herir mis sentimientos).

Hace mil años conocí  a un tipo que decía que nunca había conocido a una vieja chistosa. Las viejas podian ser bonitas, inteligentes, agraciadas, metódicas, increíblemente maquiavélicas, interesantes, pero nunca chistosas. He conocido muchísimas viejas que no son chistosas, son hilarantes. Susana es una de ellas. Más cuando se toma unos cuantos tragos, no hay Cuentahuesos que se le iguale. Lastimosamente la mayoría de badulaques con los que Susana ha salido no han apreciado su gran naturaleza histriónica, y prefieren apachurrarle el corazón por evasión o por sospecha.

Susana es una pequeña Biblia andante. No porque sea una rezandera ni mucho menos, sino, para ponernos ñeros, porque es un mar de conocimiento. Desde la historia secreta del Mossad hasta la biografía no autorizada de Daniela Romo se la conoce. Por eso, es difícil quedarse sin tema con la susodicha.

Así es Susana. Tranquila, desubicada, dicharachera, conflictuada, divertida, remilgosa y liberada. Una mezcla criolla entre Elliot y Jordan de Scrubs. Y con un poquito de Maria Conchita Alonso. Ustedes ya han leído sus historias y alguna idea se habrán hecho de ella. Pero si alguna vez les ha dado curiosidad por saber un poco más de ella, esta es Susana, una gran vieja, contada desde los ojos de Elvira.



  1. kamon abril 7, 2014

    esta muy buena!!!! me encanta YES!

  2. susan abril 12, 2014

    Hermosa mi susan ella siempre inigualable, delicada y precisa encantadora
    por eso siempre le corresponde lo mejor

  3. Kika abril 12, 2014

    No tienes idea lo absurdamente identificada que me vi!